¿De dónde viene el valor de lo que decidimos recibir, experimentar, aprender e incorporar?
Una historia personal y una reflexión
El valor inmaterial de una sonrisa auténtica es enorme. Tú y yo lo hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas, y sabemos apreciar en mayor o menor medida, lo importante de ver a alguien sonreírnos con amor, en su expresión de dulzura, calidez y bondad.
En mi historia personal, esa sonrisa me fue eludida (de mí hacia mi y hacia los demás) por mucho tiempo. Un pesar me acompañó durante años, años que fueron de oscuridad interna predominante. Comparto esta historia personal porque sé que puede ayudar a reflejar un sentir que muchas puedan estar pasando, haber pasado o pasarán.
Nunca tuve claro su origen concreto. Aún no lo tengo. Sostengo sin embargo conmigo, la capacidad de alivio que sentí una vez comencé un trabajo de sanación a través de la introspección de la meditación. Después de muchos momentos de limpieza interna, muchos retiros de silencio y apertura, muchísimas horas de profunda aceptación de todo el sentir que surgía y pasaba a través de mi mente y mi cuerpo, algo se abrió, ese peso arrastrado desde un origen desconocido por fin mostró una grieta, y aquello guardado, encapsulado, pudo comenzar a salir. Lo hizo de manera fuerte, intensa. No había de otra. La naturaleza del dolor tenía esa característica.

Lo primero que aprendí es que no era algo aislado, una liberación de unos minutos. La energía de ese dolor era persistente y lo fue y ha sido por años.
Recuerdo que uno de los procesos más intensos tuvo lugar en un retiro de 30 días de silencio, donde la cápsula de abrió al tercer día. Recuerdo muy bien el momento. Pude ver, como el estado de la mente de dolor era tal, como un océano capaz de arrastrarme a sus oscuras aguas. De esa experiencia intensa tuve un trabajo constante de sanación a través de la introspección durante el resto de los 27 días; No era solo ese dolor, esa pena, también me acompañó la fortaleza interna, el pilar de ecuanimidad cultivado durante años de práctica dedicada y sincera.
Gracias a esa fortaleza, a mi sentir había llegado el momento adecuado en donde la mente abrió las puertas a ese inconsciente guardado, y sin embargo, éste inconsciente de dolor siempre estuvo actuando, al punto de verse en todo momento en mi semblante, en mi rostro, e influenciando cada decisión y estilo de vida, en mis relaciones y todo aquello que constituía mi vida.
Al terminar ese retiro, el último día previo a partir, se podía hablar. Fue entonces que me di cuenta de cuánto había soltado, cuánto salió, para siempre; pude sonreír de una manera que nunca en mi vida había podido hacer antes; algo había salido y en su lugar una nueva luz podía emerger de mi corazón. Aún no estaba del todo sanado, aún la aventura continuaría por varios años y si embargo, ya era un hombre diferente, mejor, más feliz, más en paz.

Desde esta experiencia profunda, la concepción de valor toma un barniz diferente. Volviendo a la pregunta original ¿De dónde viene el valor de lo que decidimos recibir, experimentar, aprender, incorporar?. Creo que en definitiva, tiene que ver con lo beneficioso que ha significado o potencialmente significar en nuestro bienestar.
Particularmente en el camino del auto conocimiento, en el sendero espiritual como un encuentro holístico de quienes somos y potencialmente podemos llegar a Ser. La o las herramientas que nos permitan esa sagrada liberación del dolor, del sufrimiento, es y será una joya de incomensurable valor inmaterial; ni todo el dinero del mundo puede comprarla. Para mí esto es la meditación, y especialmente y en profunda gratitud, la meditación enseñada por Buda. No me considero budista, ni sigo ningún ismo. Si soy un ser humano que sigue la honestidad, la verdad, como mejor es posible, y la meditación como experiencia empírica, es una vía a la verdad, que para mí, ha sido un pilar. El otro pilar inseparable, ha sido la bondad, el amor, por medio de mi familia, amistades, y seres de luz han sido y son una compañía sanadora, protectora e inspiradora.
Espero y deseo que todo aquello que te ayude en tu propio desarrollo espiritual, holístico, que te ayude a llegar a tu plenitud, lo encuentres. Deseo que, ya sea todo o una parte de lo que encuentres en estas líneas, te sea de provecho e inspiración.
Gracias por acompañarme en el camino,
Con amor,
Aarón
Pronto abriré una nueva plataforma donde compartiré más anécdotas, aprendizajes, reflexiones y vivencias, siempre en el contexto del crecimiento interior, espiritualidad y meditación.
¡Feliz si decides acompañarme en esta aventura!

Gracias, Aarón! Gracias por tu honestidad y humildad!
Tu testimonio me llega en el preciso momento, resueno, me toca y emociona la sincronía. Gracias!