Dejar la Culpa y abrazar la Intención
Reflexión sobre la culpa y abrirnos al amar
Una buena intención siempre será acertada, ya que aunque te equivoques, podrás enmendar el rumbo desde una base saludable de bien, con aprendizajes y paz mental.
En cambio con una intención perjudicial cargarás con el peso de tus actos en donde el perdón será más difícil aunque aún más necesario.
La culpa cierra las puertas a la liberación del sufrimiento, en cambio una intención clara y saludable orienta el camino hacia la paz y la felicidad.
Es importante auto realizar los identificadores; una intención perjudicial tiene un impacto directo en nuestra psique, a nivel muscular/ corporal, nuestro cuerpo se tensa y contrae. Es evidente el semblante que engendra el odio y la malevolencia, un aspecto tosco se forma en el rostro, un aspecto amenazante, burdo, feo. A nivel de las emociones, la mente y el cuerpo se inundan de agitación, apartando todo rastro de paz interna y esto definitivamente es sufrimiento. La ley de la naturaleza lo permite, y sin embargo, nos muestra que es desarmonía, es insano y es destructivo para quien la cultiva y para aquel o aquello que es el objeto del odio, ira o estado perjudicial.
Por otro lado, una intención saludable tiene como base la armonía, la templanza, el amor. Esto no es una idea; es la ley de la naturaleza que se revela a si misma cuando vamos en línea con ella. También podríamos denominar a la naturaleza como Dios. No son excluyentes. Existe el gran Misterio, que algunos prefieren llamar Dios, y sin embargo, en términos prácticos, es la naturaleza obrando con sus leyes en múltiples niveles (o múltiples actores, seres o inteligencias).
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El Amor, a mi sentir, es la manifestación más elevada de la naturaleza (o Dios), y está a nuestro alcance. Despertar al Amar requiere que desechemos el egoísmo perjudicial y cultivemos la sabiduría del auto conocimiento, ya que el potencial de liberarnos de todo aquello que es causa de sufrimiento yace en nuestro interior. El libre albedrío es esta facultad particular que nos fue concedida como seres pensantes y sintientes. Es el germen de una semilla capaz de elevarse al infinito. Pero necesitamos que ese germen se desarrolle como una planta que crece y se fortalece, para eventualmente convertirse en un árbol que da frutos y eleva sus ramas al cielo.

Para elegir Amar, elegir obrar en línea con Dios o la naturaleza y experimentar aquello que es supremo, de manera gradual, en la medida de lo que podamos soportar y/o auto realizar, debemos ser capaces de efectivamente ELEGIR y por eso es que existe la oscuridad, que es la ausencia de la Luz. Si solo fuera Luz, no sería posible que la llama de lo imperecedero brote en nuestro Ser a modo de revelación en esta dimensión. Necesitamos transitar este proceso de revelación, de consciencia y muchas veces puede ser doloroso. Es un proceso de iluminación de los rincones oscuros que llevamos dentro, en el inconsciente, y sanarlos, y eso requiere coraje, para verlos, ser valientes para no mirar a un costado, y avanzar en un gradual darnos cuenta, es decir, la apertura del ojo interior que es capaz eventualmente, de revelar la visión más elevada a la que estamos conectados.
El Misterio es inmenso y puede que nunca sepamos realmente el por qué de esta aventura que debemos transitar llamada vida humana. Sin embargo el amor tiene algo maravilloso, y es que en su esencia, nos inunda de paz y de un sentido de pertenencia a algo inmenso y luminoso que reside dentro nuestro, del cual Somos parte. De esa pertenencia, viene una certeza más allá de la razón y el intelecto. Es una certeza de que el camino hacia la Luz y hacia la paz esta impulsada por el Amar.
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