Detenerse y contemplar
Que significa, cómo hacerlo, y una reflexión sobre el estado de flujo y más
Detenerse y contemplar.
¿Qué significan estas palabras?
Hace unos días, al finalizar mi jornada de labores al anochecer, me detuve unos momentos; acerqué una silla y simplemente me quedé contemplando el ocaso, el cual con un espectáculo de luces en matices de diferentes tonalidades de colores, daba paso a un crepúsculo de tenues estrellas, luces que iban poco a poco tomando protagonismo.
Este espectáculo natural no fue cualquier contemplación. Me llenó de un asombro, el cual me invitaba suave y naturalmente a aquietar mi mente, los deseos, la agitación y todo aquello a lo que la vida, en su espiral de pensamientos y preocupaciones, nos suele atrapar.
Es justamente esta contemplación, la que tuvo lugar, en primer lugar, cuando decidí detenerme unos instantes y simplemente observar.

¿Durante cuantos momentos nos detenemos realmente?
Es interesante constatar que, si bien podemos obrar diferentes actividades en nuestros contextos de vida, y podemos finalizar una labor, por ejemplo, de trabajo, o de estudios, o de ocio, pero en definitiva, cual sea la actividad que ocupa nuestra atención, no nos detenemos, simplemente damos paso a otra actividad.
Si poseemos una rutina laboral, por ejemplo, y finalizamos ésta, es posible en algunas o en muchas ocasiones, que demos paso al ocio, o a otra actividad que emplee nuestros sentidos en distracción. Incluso en medio de la actividad, no permanecemos en atención plena. Nuestra mente suele distraerse y miramos el celular, o leemos algunas noticia, o sencillamente divagamos a espacios de los deseos y rechazos de la mente, recreando memorias o escenarios de futuros hipotéticos.
Hoy la ciencia apunta a que es importante detenernos unos minutos pasado cierta cantidad de tiempo trabajando, o estudiando, dandole una distención a nuestra mente. Una pausa de 5 minutos, después de 20 minutos de trabajo, y enfocar la atención, la vista a un objeto a cierta distancia que no sea una pantalla por ejemplo, ayuda a recobrar el aliento o energía para luego continuar.
Es el mismo principio si uno se ejercita; cada ciertas repeticiones precisamos detenernos unos momentos para darle al músculo la recuperación necesaria y luego retomamos la rutina.
En cuanto a detenernos y contemplar, el proceso es ligeramente distinto; se trata de auto realizar el sentimiento de que nos estamos perdiendo de estados de paz, sosiego y felicidad que están allí, a nuestro alcance, tan cerca, y a su vez, pareciera que no conocemos tales sentimientos porque no sabemos como sosegar nuestra mente, nuestras emociones.
Detenernos significa realmente parar. No tomar el celular, no prender el televisor, no encender la radio. Simplemente estar, simplemente ser. Sin embargo, precisamos un ancla que permita aterrizar la atención de la mente de deseos. Ésta se encuentra habituada a saltar de rama en rama, de pensamiento en pensamiento, sin orden, sin control. Y la mente esta íntimamente vinculada a las emociones.
Un ancla a nuestra disposición es la naturaleza. Si tenemos la posibilidad de salir a contemplar un atardecer, mirar las montañas, mirar el bosque, contemplar el agua, el mar, el rio, ésta nos invitará suave y mágicamente a detenernos, a pausar la agitación. Mediante la mera contemplación, sin juzgar, sin divagar, el mero sonido natural, las meras luces y colores naturales, nos darán sosiego y entraremos en estados de consciencia sintonizados con los ritmos de nuestro entorno, de espacios naturales, de sosiego.
Sin embargo, ésta no es la única manera. Algunas tradiciones emplean el baile, la danza, es decir, el movimiento corporal. Llevado en atención continua, se llega a un punto de estado de flujo en donde el estado de consciencia cambia por completo.
Otra manera es la meditación. En esto me nace compartir una experiencia personal; años atrás me encontraba en pleno paseo ahumada. Para quienes no conocen esta calle, se encuentra en pleno centro de Santiago de Chile. Una calle muy concurrida, con vendedores vociferando, con personas llendo y viniendo, con bocinas y ruidos vehiculares de las arterias circundantes, con las luces de los negocios a cada costado de la calle. En este lugar lleno de estímulos y distractores, pude vivir un estado de flujo como algunos le denominan, o “flow”. En la tradición antigua budista se le denomina samatha o samadhi. Mediante la mera atención en mi cuerpo, atento al movimiento de mis extremidades mientras caminaba y con los ojos abiertos viendo por donde iba, pero sin someterme a las distracciones externas, entré en un estado de flujo donde había paz y regocijo interior. La mente se encontraba imperturbable, y en esa imperturbabilidad, pude sentir el gozo de ser y nada más. La ansiedad, el ajetreo mental, las emociones disruptivas, todo eso se había erradicado y solo había gozo y paz. En el mero caminar, en la mera atención, en el mero ser; en medio de una de las calles mas bulliciosas y concurridas de la principal ciudad de mi país.
Hace poco pude experimentar algo similar, en la mera contemplación de un atardecer. En mera atención, la naturaleza me entregó el objeto meditativo para entrar en un estado de consciencia distinto, apacible, de sosiego, de paz.
Puedes emplear estas distintas herramientas que nos entrega la vida, (y gratuitamente), lo importante es adentrarnos en estos estados beneficiosos que nos dan una mirada completamente renovada de lo que significa vivir, de ser. Salir del ajetreo sistémico, del caos de un mundo agitado, y entrar a un mundo en paz, de amor, de regocijo. Ojo, que No significa que al entrar en este estado permaneceremos así para siempre. Algunos grandes maestros nos dicen que nuestro destino es que eventualmente nos establezcamos en verdades cada vez mas profundas de Ser. Lo importante es ser realistas y experimentar estos estados aunque sea unos instantes. Con eso ya sabremos que hay algo más. Y poco a poco, vamos eligiendo contemplar, ser y actuar con base en esta nueva consciencia y auto realización.
Continuaremos experimentando los vaivenes psicoemocionales característicos a la vida y experiencia humana. Conforme vivamos, es así. Sin embargo, los grandes maestros de la humanidad nos enseñan que hay algo más. Y que es posible alcanzarlo mediante una vida ética discernidora, pues ésta nos apacigua la mente; mediante el entrenamiento de la mente, para desarrollar atención plena; mediante prácticas devocionales, mediante el amor, la bondad y buenos deseos, pues éstos elevan nuestra mente y espíritu a estados sublimes. No es fácil, no es inmediato, pero un paso lleva a otro paso; un tropiezo nos enseña a levantarnos. Lo importante es seguir, y cual sea el aprendizaje, cual sea el paso dado, será beneficioso, por cuanto dure esta vida, y más allá.
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Con los mejores deseos,
Aarón

