Ecuanimidad no es neutralidad
Reflexión a partir de un intercambio con una persona cercana. Decidí hacer esta entrada en dos partes. La segunda hablará sobre la compasión que se confunde con amabilidad.
La ecuanimidad es una palabra. Lo importante es el significado de ésta, su implicancia.
La neutralidad podríamos definirla como la no toma de ningún partido o lado. Puede tener tintes de inacción, deferencia, falta de interés, e incluso insensibilidad, dependiendo cada caso, situación, o eventualidad.
Cuando hablamos de ecuanimidad, hablamos de la capacidad de mantener el equilibrio de la mente o equilibrio interno frente a los altibajos de la vida, a grandes rasgos, es decir, los vaivenes emocionales gatillados frente a eventos puntuales y/o vivencias.
La ecuanimidad no es neutralidad, en el sentido de que ante una eventualidad que requiera decisión y/o acción, se actúa, pero no desde la vereda de la reacción, más bien, desde una templanza de carácter, sustentada en una objetividad.
No es insensibilidad, de hecho es lo opuesto; se es sensible a la situación o evento que requiere nuestra acción (o inacción), y la elección de cómo actuar se hace en base a una reflexión y sabiduría. Hay conocimiento de que es lo mejor para abordar tal eventualidad, ojalá de la mejor manera posible. La diferencia es que en todo el proceso de actuar, de decidir, de involucrarnos activamente, al mismo tiempo permanecemos en equilibrio, y éste equilibrio nos entrega claridad para actuar apropiadamente, según la situación lo demande.
De esta manera, se hace necesario comprender estas diferencias, que mirada desde los conceptos, pueden no discernirse con facilidad. Sin embargo, si llevamos la palabra al acto, a lo que significa nuclearmente, se irá haciendo más claro.
En un mundo aún con mucho prejuicio, violencia y transgresión, donde la línea ética se pasa a llevar más de lo que quisiéramos, se hace necesario ir abriendo espacios de introducción a saberes que nos permitan vivenciar estos conceptos para “encarnarlos” en nosotros.
El paradigma del miedo y la lucha debe cambiar hacia un mundo de ética discernidora y coherencia, donde el motor detrás del comportamiento sea la sabiduría humana, es decir, el conocimiento profundo de uno mismo. La promoción de este conocimiento no es llenarnos de libros, más bien es recobrar los espacios de indagación personal, el libre pensamiento, la crítica constructiva, el juego como base de experimentación, el ambiente colaborativo y valorativo del otro, etc.
Este es un tema que da para ir profundizando y enriqueciendo.
Gracias por leerme. Te invito a dejar un comentario o si lo deseas, compartir la entrada.
¿Cómo crees que podemos mejorar las condiciones para vivir en un entorno más amable?
Que todas y todos seamos felices
Aarón

