Karma de nuestro lado
Qué es y cómo aprovechar esta fuerza natural en nuestras vidas
Karma es una fuerza misteriosa. En estos años de estudio, práctica meditativa y experiencias personales, he comprendido que el karma es algo que nos acompaña a cada instante. Veamos de qué se trata y cómo hacer de esta ley natural nuestra aliada.
Karma se puede definir como acción. En la tradición budista Theravada, la que se considera más antigua en sus corrientes, se define de esta manera. Un monje Theravada de Myanmar que tuve la oportunidad de conocer en una conferencia, el Dr Nandamalabhivamsa, explica en uno de sus textos que karma no es sólo mera acción, si no además, y muy importante, es la motivación detrás de esa acción. Lo que constituye el karma per se, es la fuerza motivacional que genera una determinada acción, sea esta mental, vocal o física.
Ahora bien, esto no es exclusivo de la tradición budista. En otras tradiciones occidentales se le considera también como el cúmulo de actos volitivos, sean éstos provechosos o perjudiciales, que perpetramos a lo largo de nuestras vidas, presentes y pasadas, y que impactan en nuestras tendencias presentes y futuras.
Karma entonces es a su vez, nuestras acciones, llevadas adelante por la fuerza motivacional de la mente, la cual se ha ido construyendo a lo largo de las vidas, y se sigue moldeando ahora con cada pensamiento, actos de palabra y físicos que realicemos.

He aquí que podemos discernir dos tipos de karma: karma bueno, y karma perjudicial. De ambos, se desprenden diferentes grados.
Karma bueno son todos aquellos actos que sean piadosos, generosos, provechosos, saludables, etc, para uno y par los demás.
Karma perjudicial son todos aquellos actos egoístas, dañinos, malevolentes, insanos, que son causa de sufrimiento.
En cuanto a sus grados, a nivel general, depende mucho de la motivación de la mente. Si con una mente pura, realizamos actos de generosidad, esto según los budistas es un acto kármico elevado; sólo está la aspiración de ejercer el bien. La generosidad empleada de esta manera elimina de nuestra psique las tendencias egoístas, y esto tiene un impacto enorme en el bienestar, ayudándonos en el camino espiritual.
A grandes rasgos, cualquier acto provechoso, como una palabra de aliento, una sonrisa, un buen regalo, dar de comer, dar cobijo, dar abrigo, incluso y muy importante, los actos mentales de bondad, todo eso es karma saludable y nos ayudará en el presente, potenciando nuestro bienestar, y construyendo la estructura de una mente más luminosa; en cuanto al impacto futuro, algunas tradiciones hablan del efecto boomerang.
El efecto boomerang es un impulso enviado al universo, es decir, la energía del acto en su totalidad es una fuerza, una huella kármica que llegado el momento apropiado, volverá a nosotros mediante mecanismos más allá de nuestra comprensión normal. Sobre ésto, también hay leyes precisas que actúan dependiendo de la fuerza del acto volitivo, y el tipo de receptáculo. Si damos de comer a un Buddha, un ser totalmente liberado, iluminado, o un monje que aspira a la mas elevada autorrealización espiritual, por dar unos ejemplos, el retorno será mucho mayor que si damos de comer a alguien común.
Es importante dar énfasis, que todo acto generoso es provechoso, es karma bueno, y por lo tanto, desdeñar una persona por sobre otra, o un ser por sobre otro en un sentido de interés personal, no sería lo más saludable. Ésto es así, porque lo más importante es el impacto de la motivación en nuestra mente. Lo que llevamos a futuro, después de morir a esta existencia, serán nuestros actos volitivos. Al practicar la generosidad y la bondad, por dar un ejemplo, esto deja una huella provechosa que nos eleva a existencias más elevadas. Mas aún, en estas existencias futuras, la tendencia a la bondad y a la luz la llevamos en nosotros, como una llama que nos acompañará para siempre. Es por esto que, por ejemplo los budistas Mahayana, promueven cultivar las virtudes de los bodhisattvas, es decir, aquellos seres que aspiran a perfeccionar sus paramitas (virtudes, fuerzas saludables de la mente), y practicar karma bueno en cualquier oportunidad que se nos presente.

Volviendo al ejemplo de la generosidad, que ésta no sea solo con estos seres especiales, si es que nos topamos con alguien así, mas bien hacerlo con cualquier persona o ser, humano o no humano. Si damos de comer a un perro o un gato, eso es saludable, eso es buen karma. Si damos cobijo, comida, palabras de aliento, o cualquier acto piadoso, a alguien necesitado esto es aún más provechoso.
Resumiendo, para comprender los efectos del karma, podemos considerar dos aspectos fundamentales: el impacto psicológico del acto en sí, es decir la huella psicoemocional del acto, sea este provechoso o perjudicial, éste será evidente ya que nos dejará sufriendo o contentos. Normalmente, para discernir uno del otro, los actos buenos dejan una huella de sosiego, suficiencia y contentamiento interior bien particular, que nos hace sentirnos bien, tranquilas/os, felices y en paz. Sabemos que lo que hicimos ha sido algo bueno. Por el contrario, aquello nacido del egoísmo, celos, confusión, malevolencia, etc, también es evidente el impacto psicológico que deja en nosotros; nos sentimos tensos, agitados, ardiendo, con rabia, o incluso puede existir un regocijo insano que no tiene nada que ver con el gozo sublime de la bondad o la felicidad del acto bueno.
El otro aspecto importante, es el efecto boomerag mencionado anteriormente. Aquí se encuentran las consecuencias que podríamos considerar de mediano y largo plazo, e incluso en futuras vidas. Nada escapa a la Ley del Karma.
Por esto, comprendiendo lo anterior, para nuestro propio bien, y el bien de los demás, practiquemos conscientemente aquello que es bueno, justo, verdadero, piadoso, bondadoso, generoso. Independientemente de las circunstancias de nuestro presente, podemos moldear nuestro futuro, desde el ahora, sembrando semillas luminosas, que en su momento adecuado florecerán y darán frutos, para nuestro goce y el de todas y todos quienes son parte de nuestras vidas.
Hay una historia que me gustaría compartir a modo de conclusión:
En un carruaje vamos por el camino de la vida. Atrás nuestro vienen dos jinetes. Uno es el buen karma y el otro es el karma perjudicial. El primero, nos ayuda en nuestras vidas, trayéndonos oportunidades adecuadas, despejándonos el camino, protegiéndonos y dándonos buen consejo. El otro nos trae todo lo opuesto. En ocasiones, el jinete del karma perjudicial logra adelantarse y las consecuencias las vivenciamos de una u otra manera, experimentando situaciones dolorosas, etc. En otras, el jinete amigo, el buen karma, se adelanta y nos protege, evitando las trampas puestas por el otro. Esto se refleja en momentos de dificultad que aunque pudiéramos estar en una situación difícil, la ayuda nos llega para sobrellevar mejor esa situación.
Dependerá de nosotros, en el presente, a qué jinete le damos fuerzas. Al elegir cuidadosamente nuestros actos de mente, verbales y físicos, al ser estos provechosos, el jinete amigo nos acompañará cada vez más, a lo largo de las travesías de la vida, y del samsara (ciclo de nacimientos y muerte).
Gracias por leerme. ¡Espero que este contenido te haya sido de mucho beneficio!. Si lo deseas, feliz que compartas esta entrada con tus amistades, redes y cercanos.
Que seas feliz,
Aarón
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