La Divinidad; Dios en y con nosotros y como elevar la consciencia
Sobre Dios, la meditación, la oración, y más
Me gusta hablar de la Divinidad con D mayúscula al referirme a Dios. Dios es el infinito. La fuente de todas las fuentes. De donde provenimos y hacia donde nos dirigimos, y aquello que está en nosotros y con nosotros, en lo profundo de nuestros corazones.
Aunque la mayoría del tiempo o casi siempre no seamos conscientes de Su presencia. Como algunas tradiciones lo denominan, la Chispa Divina en nosotros, la Divinidad como la fuente primordial que está conectada inseparablemente a nosotros, y hacia donde el sendero espiritual o de auto realización nos invita a reunirnos o auto realizar, eventualmente.
Dios para mí no es una entidad externa (como la figura del padre celestial con barba), más bien, dentro de mis limitaciones humanas, y lo que pueda concebir la mente, es una presencia amorosa (de bondad, de Luz e infinita sabiduría), y no una idea del pensamiento o tradición, y mucho menos una entidad vengativa. Me inspira concebir que la Divinidad está presente en todas las cosas, porque todas las cosas provienen de Él/Ella. Sin embargo, la palabra Dios, al menos para mí, y me consta que para muchas personas en la actualidad, está cargada con una connotación religiosa negativa, de las religiones monoteístas. Y se ha vuelto inseparable asociar a Dios con las acciones de las personas (no todas, algunas), que se apoyan en esta imagen que tienen de “Dios” y de la cual justifican atrocidades, injusticias, discriminaciones, etc. Por ende, y justamente, existe una antipatía hacía este tipo de concepción humanizada de Dios, y hacia la palabra Dios, debido a estas acciones que no tienen que ver con la virtud y el acercamiento a lo Divino, más bien son una reacción fanática de personas confundidas y no de las enseñanzas que en su esencia fueron dadas para elevarnos hacia la Divinidad en nosotros.

Es por esto que, en alguna medida, quisiera expresar en este escrito lo que para mí ha sido un acercamiento hacia una vida donde lo Divino tiene una enorme importancia, y como en esa búsqueda o aspiración, me he acercado a esa presencia, que va más allá de las ideas terrenales, constituyendo una presencia amorosa, que guía y acompaña, inspirándonos para dar y mostrar lo mejor de nosotros, y nos impulsa a levantarnos cuando nos caemos, dándonos un renovado ímpetu.
A veces no es fácil pretender explicar algo que va más allá del pensamiento, o lo que acostumbramos a llamar realidad en lo cotidiano. Sin embargo podemos acercarnos por medio del lenguaje y el ejemplo, y explicar el sentir, y algunos mecanismos que en efecto poseemos y que nos permiten conectar con algo mayor.
Este algo mayor se expresa en nosotros por medio de la intuición. En mi vida me ha acompañado desde pequeño, y en muchas ocasiones he hecho “oído sordo” de su mensaje, pero también y más aún el haber aprendido a escucharla. La intuición podemos definirla como la “palabra no hablada”, un mensaje que llega como un relámpago de certeza, ó como decimos en Chile, “una tincada”, a veces con gran fuerza, en otras ocasiones como un susurro que te guía, que te orienta, amable. A veces por medio de sincronías, que el azar no puede justificar, y a través de los misterios del símbolo que el mundo onírico es proclive a mostrar.
Algo que me ayudó y potenció el aterrizar esta intuición en mi vida fue el haberme acercado a enseñanzas espirituales y metafísicas. A mis 22 años aproximadamente, entré en una escuela de “filosofía iniciática”, que por medio de monografías y correspondencia, transmitía la sabiduría antigua. Durante alrededor de dos años estudié bajo la guía de esta escuela, de la cual siento una profunda gratitud. Su acercamiento a las enseñanzas espirituales era no dogmático, con ejemplos modernos de la sabiduría atemporal, y amigable de digerir.
Por medio del estudio y lectura, mi mente hizo resonancia de algo que sentía llevar dentro, y mi intuición y certeza interna se acrecentó. Anterior a esto durante varios años me había sentido perdido. Ahora había un mapa de guía, que los textos y las enseñanzas de grandes exponentes de la humanidad me transmitían a modo de recordatorio; re-cordar; re- cordis; volver al corazón.
Más adelante, aquello que realmente me ayudó a sintonizar con lo espiritual, fue el haber adoptado ejercicios de meditación, a través de la meditación Vipassana (visión interior o visión cabal), Anapana Sati (atención plena en la respiración natural), y el cultivo o despertar del Amor Compasivo (Metta, Karuna). Estas prácticas, transversalmente humanas en esencia, al menos las dos primeras tienen su origen en Gautama el Buda. El Amor compasivo ha sido transversal de los grandes maestros de la humanidad, como Jesús, y nos lo han mostrado, desde el ejemplo.
Sin embargo, no importa si alguien pertenece a alguna religión, o no, o su mentalidad es escéptica, o ateo, etc. Son medios por los cuales podemos conocernos en profundidad, por medio de una experiencia directa de nuestra mente y sus mecanismos, y vivenciar de manera empírica un silencio y una conexión a algo mayor. Y el Amor es el fundamento de la experiencia humana, aquello que transversalmente es capaz de unirnos, más allá de toda legítima diferencia o diversidad.
Posteriormente, con la profundización en la meditación, pude sentir con más vida y fuerza esta conexión con la Divinidad, que insisto, es algo que está en ti, en mí y cada ser humano en esta tierra. A su vez, comencé a entablar una relación de emisor - receptor, por medio de la oración, y receptor - emisor por medio de la meditación/contemplación.
Es por esto que quiero compartir contigo aquello que siento con seguridad puede ayudarte a lo que denomino “elevar la consciencia” para entrar en contacto con la Divinidad, lo cual es parte de tu esencia, y de todas y todos.
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Comencemos por definir que es consciencia.
Conciencia se define como el conocimiento que tenemos de nuestra propia existencia. Esta definición es acertada para ir comprendiendo que el conocimiento de lo Divino, es el conocimiento que gradualmente podemos ir revelando por medio del viaje interior, es decir, la conexión con tu Ser más íntimo. Iré explicando esto paso a paso.
La auto consciencia suele ser esquiva o superficial, en el mundo moderno. Esto es porque no se nos han facilitado herramientas que nos ayuden a comprendernos, y porque el sistema educacional está principalmente abocado hacia lo externo. Las tareas de aprendizaje se orientan hacia lo intelectual, y mas pobremente hacia la adquisición de habilidades prácticas para desempeñarnos en un mundo material. Debido a esto, es comprensible que la consciencia que poseemos a nivel general como sociedad, y comprendiendo ésta como el conocimiento que poseemos de nuestra existencia, se encuentra muy limitado, donde aún predomina el condicionamiento y la volatilidad fundada en el tipo de contexto y circunstancias culturales, económicas, familiares, educacionales que nos tocó vivir.
También es un síntoma de la falta de personas aptas para transmitir, desde su auto realización, una comprensión mas profunda de lo que es la existencia, y por tanto, también las herramientas y guía apropiada.
Podemos tener verdaderos expertos en amplios espectros del conocimiento, capaces de obrar maravillas, y sin embargo, aún estamos al debe con lo que es la indagación del Ser, y la exploración propia de la mente y sus complejidades.
Una máxima antigua que me hace mucho sentido y que doy Fe que es real, es la aseveración de que: A Dios lo escuchamos por medio de la meditación. Y le hablamos por medio de la oración.
La meditación, que conduce al silencio temporal de la mente, al cese del rumiar, del sosiego de las aguas de la agitación emocional, para dar paso a la Luz de la consciencia, que está expectante encontrar la manera de hacer descender su presencia en Ti, de conectar. y con ella, hacerse “oír su voz” mediante la intuición y el bálsamo del Amor.
La oración, que nace de la humildad, del espíritu de sabernos imperfectos y limitados en nuestra consciencia terrenal, y con el deseo honesto interior de ver la Luz, la bondad, la compasión, de pedir con el corazón por los demás, y por nosotros para ser mejores aquí en la tierra, de saber encauzarnos, de fortalecer nuestro espíritu en la virtud y sacar lo mejor de nosotros, de sobreponernos al sufrimiento, de encontrar las herramientas y el camino, de tener los medios, espirituales y materiales que nos permitan cumplir nuestro propósito en la tierra, de encontrar la verdad, de poder ver con claridad aquello que es lo mejor para nosotros y nuestro entorno, desde la sabiduría de lo alto, y nosotros, tener la esperanza, la Fe de recibir la bendición del mensaje, del apoyo, la inspiración y la guía.
Es posible llevar una vida espiritual, es decir, una vida que haga de lo cotidiano algo sagrado. La espiritualidad es la búsqueda y encuentro continuo con nosotros mismos y nuestra relación con nuestro entorno, a un nivel vital de auto observación y comprensión, desde una visión que observa desprendida de la identificación del ego, es decir, una mera atención a los eventos que cambian sin cesar. Las experiencias que surgen de esta manera particular de observar la realidad hacen que nuestra concepción previa de las cosas se transforme, ya que ya no estaremos mirando mediante los lentes de un color en específico. Ahora abriremos la visión a una gama mayor de luminosidad, de colores y aspectos de la vida. Esta visión necesariamente necesita del desarrollo de una consciencia mas profunda, y a su vez, esta consciencia más profunda la facilita.
He aquí donde encontramos las herramientas que nos permitan realizar este trabajo de alquimia interior, con el fin de expandir los límites, abrir la prisión sensorial y la caja de nuestros prejuicios y pre-concepciones, para permitir que la mente opere en frecuencias mayores y pueda ser sensitiva al mundo espiritual.
La clave de todo este proceso es lograr una gradual conexión. Esta conexión se encuentra, en la mayoría de nosotros seres humanos hoy en día dormida. Pero es posible abrir las ventanas de la percepción, por medio de la meditación, y por medio de la oración. Por medio del desear el bien. Con una base ética (ver más sobre esto en publicación anterior), que nos ayude a bajar los niveles de agitación de la mente, y que como una radio, sintonice con las percepciones superiores de la realidad.
Como conclusión, elevar la consciencia no es más que el desarrollo de pensamientos y sentimientos más virtuosos, junto con las acciones coherentes vinculadas, y éstas nos acercarán a sintonizar con la Divinidad o Dios, cada vez más.
Aquí el equilibrio y el Amor son la esencia. Por medio de la práctica meditativa, podemos desarrollar ecuanimidad, la cual permite mantener una mente estable, firme, sosegada, y ésta sienta las bases para el Samadhi y Samatha (concentración espiritual, tranquilidad de la mente), y ésta actúa como la fuente de energía que conecta con nuestra esencia más elevada que no es otra que la Divinidad inmanente en todas y todos nosotros, aquello superior e infinito que nos espera con paciencia a que lo auto realicemos.
La oración es el llamado y rendición, por el cual la Divinidad desciende en nosotros Su Presencia de infinita Compasión. El producto de ambas, meditación y oración, crea las condiciones para Amar en profundidad. En todo esto, nosotros debemos ser protagonistas en el hacer, y dedicarle tiempo, el cual se torna sagrado, al elevar nuestra mente, nuestra consciencia, a lo Divino, que es el gran potencial que nos espera para despertar, dentro nuestro.
Como siempre, ¡Gracias por llegar hasta aquí!
Espero que este contenido te haya sido de beneficio.
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Aarón
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Hola Aaron, como siempre gracias por tus escritos. Me gusta leerlos en calma y por eso a veces me demoro en leerlos. Gracias por traspasar tu experiencia y saberes. Me siento acompañada en mi búsqueda y en mi práctica. Ya que muchas veces es muy solitario, más cuando, a través de la meditación, hemos podido percibir algo más profundo que es muy difícil poner en palabras. Te quiero preguntar, ¿cómo lo haces para que no te explote la cabeza? jajaja Me refiero al hecho de que estemos vivos, de lo magníficamente grandiosa que es la existencia, la naturaleza, estar volando en medio de la nada y aún así ser parte y ser la consciencia que crea todo esto. Enfrentarme a la vida desde ese punto de vida es increíble, completamente liberador, pero al mismo tiempo me pasa que me he es tan abrumador. No sé si me hago entender.... Te mando un abrazo! Gracias de nuevo!
Hola Valeria, gracias por escribir!. Si te entiendo!. Aunque a veces lo siento diferente a ti experiencia de que no creo que todo sea magnífico la verdad jajaj. La meditación principalmente y en un contexto de “camino” espiritual, le ha dado sentido a mi vida y eso es un pilar que me hace seguir en la vida como una aventura de aprendizaje y descubrimientos; te entiendo especialmente la parte de lo solitario que puede ser a veces y también lo de abrumador en algunas experiencias pero al mismo tiempo lo que me hace tener los pies en la tierra es la ecuanimidad que entrega la práctica meditativa como experiencia del presente el ancla de la respiración y la transitoriedad. Todo pasa, todo cambia. Eso ha sido para mi una fortaleza para transitar los altibajos 😊🙏🏼