La sensibilidad como fortaleza: y su entrenamiento
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Recuerdo que cuando era pequeño y a medida que iba creciendo y siendo un adolescente, ser sensible era algo mal visto. Ser sensible era sinónimo de debilidad. Un hombre debía ser fuerte, ojalá insensible, y no llorar. En las mujeres era más aceptable y hasta esperable, que mostraran sensibilidad.
Todo esto, por supuesto, es un sesgo cultural de ignorancia. Es equivocado pensar o creer que la sensibilidad es debilidad. Ser sensible significa que poseemos la capacidad de sentir; todos nosotros, independientemente si hemos nacido de un género biológico u otro, o independiente si te identificas de una u otra manera, una característica fundamental del ser humano y la vida es el sentir. Sin esta capacidad seríamos meros robots.
Hoy en día sabemos que existe una relación electromagnética que une y repele, que atrae y rechaza. Esta relación es energía, y todo el universo está vinculado entre sí mediante diferentes frecuencias de vibración. De hecho la ciencia habla de que estos campos electromagnéticos son los que estructuran en definitiva la densidad del cuerpo y todo lo material, es decir, que independientemente de la forma y densidad aparente que permite al cuerpo y sus sentidos interactuar con el entorno, en el fondo somos solo energía, frecuencia y vibración.
En el ser humano esta vinculación ocurre mientras estemos vivos, a través de los sentidos corporales y la mente es el órgano capaz de percibir, desde el sentir. Los ojos perciben un espectro o rango de luz que se traduce en la visión que estamos acostumbrados, el oído percibe unas determinadas frecuencias de sonido, el olfato determinados olores, y la lengua percibe sabores. Todo eso es sensibilidad. Es curioso corroborar que el ritmo de vida moderno promueve el escape y el rechazo al sentirnos, creando seres humanos desconectados de si mismos. Esta desconexión es promovida mediante todo tipo de estímulos externos que captan nuestra atención (a través de los sentidos), la secuestran y crean mentes opacas, capaces solo de sentir emociones fuertes como el miedo, la avidez, la ira, etc, y por ende, mentes adictas, a determinados estímulos sensoriales que por su naturaleza burda bloquea cualquier capacidad de profundizar en la naturaleza sutil de la realidad, que si es posible percibir cuando la mente logra entrar en estados de concentración y sensibilidad acentuados.
Creo que es importante destacar la composición de la palabra sensibilidad. Esta compuesta de la palabra sentir y la palabra habilidad, es decir, la habilidad para sentir.
Hay diferentes maneras de acercarnos al auto conocimiento, pero la que a mi me ha funcionado, y en el presente me es adecuada para describir, es aquella vinculada a la sabiduría antigua, y por medio de mi propia auto indagación, la cual considero un pilar y que promuevo activamente como fuente fidedigna de experiencia (que los demás emprendan su propia aventura de auto indagación). Mediante este conocimiento que va estrechamente vinculado a la práctica de la meditación/contemplación, podemos desarrollar una comprensión de nosotros mismos real, vivencial, y no meramente intelectual.
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En el idioma antiguo pali existe la palabra vedana que significa sensación. Nuestra mente y cuerpo esta constantemente sintiendo sensaciones, y reacciona a ellas mediante las identificaciones previas almacenadas en el inconsciente.
Este conocimiento que suena a psicología en efecto es eso, aunque no en términos occidentales, más bien como algunos les gusta llamarla, psicología budista, aunque personalmente no me convence esa afirmación, ya que en definitiva, es Dhamma, que significa ley de la naturaleza. El conocimiento psicológico definitivo viene de la auto observación que cada individuo realice, y podrá apoyarse en una u otra corriente de conocimiento, pero en definitiva, necesitamos llegar al núcleo de la experiencia directa empírica, es decir, a la auto consciencia.
Volviendo a las reacciones previas almacenadas en el inconsciente, algún evento tuvo un impacto positivo o negativo y a raíz de esa traducción mental de dicho evento, concomitantemente surgió una u otra sensación, agradable o desagradable, vinculada a la definición o evento. En adelante cualquier experiencia que se asemeje a ese evento previo desencadena una reacción similar, acumulando un tipo de hábito psicoemocional donde una u otra sensación característica invade la mente y el cuerpo, mediante un torrente bioquímico apropiado. Este torrente bioquímico es acarreado por la sangre y afectará de una u otra manera al cuerpo, ya sea como sensación de estrés, miedo, ira, etc, contrayéndoselas los músculos, sintiendo palpitaciones aceleradas, calor en el cuerpo, etc. A este torrente bioquímico en la antigüedad se le denominó asavas.
Necesitamos entonces, volver a conectar con lo sutil, que es agradable a la mente, que por su naturaleza trae calma, sosiego y contentamiento, y permite una concentración para desarrollar una investigación exhaustiva de la propia psique.
Esta investigación como práctica antiguamente se le denominó Vipassana. El proceso de calma mental, agudeza y arribo a lo sutil se le denomina Samatha.
La sensibilidad real, aquella que es la capacidad de la mente de percibir el cuerpo y la mente con continuidad es el resultado de la disminución o erradicación de los factores desencadenantes reactivos descritos anteriormente. Para eso procuramos llevar adelante un set de estrategias que con gradualidad nos permitirán arribar exitosamente a percibir más, a ser sensibles, pero no solo ser sensibles, si no que muy importante, desarrollar el pilar de la ecuanimidad.
Primero a nivel externo, adoptar un código ético:
Erradicar los intoxicantes de tu vida: dejar el alcohol o drogas, ya que éstos secuestran, esclavizan la mente y hacen imposible desarrollar la sensibilidad necesaria que traerá sosiego, paz y felicidad duraderas.
Ser honesto contigo y con los demás; lo honestidad es la ausencia de la mentira ya que esta última trae tensión y agitación subyacente. La honestidad trae paz interna.
Esto a nivel vocal y de acciones. Se debe aspirar a dejar atrás la rudeza, la brusquedad, lo hiriente, que trae enemistad. La amabilidad y el buen trato, la cordialidad son parte del buen vivir que trae armonía a la mente y emociones, y a tener buenas relaciones.
No matar, no dañar. Si deseas sentir sosiego y calma, ésta es incompatible con la violencia.
No tomar lo que no te ha sido dado, no robar. Se alguien de confianza, y naturalmente esto te traerá calma, sosiego y felicidad. Quien roba esta siendo violento y su mente esta llena de avidez y agitación; aparte de dañar a otros, se daña a si mismo porque no tendrá paz en su mente.
Llevar una sexualidad sana; significa no ser promiscuos ya que esto traerá una enorme cantidad de avidez, lujuria, lo cual impedirá que tu mente logre estar en paz, en sosiego, en tranquilidad.
Esto es parte de los cinco preceptos en las enseñanzas de Buda, que personalmente me hacen mucho sentido y los sigo en mi vida con la mejor de mis habilidades y aspiración me lo permitan. Es algo que por eso mismo, viviendo sus beneficios, promuevo. Son la base con la cual podemos construir saludablemente la percepción de la mente y cuerpo y llegar a lo sutil, además de los inmensos beneficios sociales que trae consigo.
En segundo lugar, practicar alguna práctica contemplativa.
La meditación de la consciencia en la respiración natural es una excelente herramienta para comenzar y profundizar. No necesitas mas que tu propia respiración que esta siempre contigo. Con el tiempo, podrás añadir otras herramientas a tu set o estrategia. Por el momento, insto a que pruebes esta meditación, que no es más que observar cada inhalación y cada exhalación, tal cual entra tal cual sale de tus fosas nasales. Eres meramente consciente. Hazlo durante algunos minutos durante la mañana y durante la noche. Tomate unos minutos durante el día para recordar volver al presente, al aquí y ahora, y ser consciente de lo que ocurre en tu mente y tu cuerpo, siendo al mismo tiempo consciente de tu respiración. Observa el auto conocimiento que este ejercicio te entrega, los beneficios inmediatos que te otorga.
Con el tiempo, de la mano con una vida ética, y con ejercicios de meditación que fortalecen tu mente y te entregan un autoconocimiento, se fortalecerá en ti la ecuanimidad. Reaccionarás menos. Serás más consciente. Y esto, por ley natural, te dará la capacidad de ser más sensible, y ésta sensibilidad será un gran fortaleza en tu vida.
Espero continuar desarrollando este contenido en futuras publicaciones.
Mientras te invito a leer mis otras publicaciones previas en mi blog de substack y Ko‑fi y mi canal de YouTube. (ver enlaces abajo)
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Con los mejores deseos,
Aarón


