Limpieza física & limpieza mental
Parte 1
¿A quien no le gusta estar en un ambiente limpio?
Tiendo a creer que la mayoría o quizás tod@s valoramos que el lugar en el que estemos o vivamos, esté limpio, aseado, ordenado. Percibimos que es más armónico, agradable para permanecer. Esto es independiente a que en la práctica ocurra.
También naturalmente pasa, que en muchas ocasiones, a pesar que nos guste la limpieza, no nos sentimos con ganas de hacerlo, y el entorno naturalmente comienza a ensuciarse; el polvo se acumula, la loza comienza a verse como un cerro, la ropa puede llegar al límite del espacio de la lavadora, y bueno, no nos queda otra que ¡ocuparnos de la situación!.
Esto anterior es algo cotidiano, que nos ocurre en mayor o menor medida, dependiendo de los hábitos que poseamos, del estado anímico que tengamos, etc.
Lo que es menos obvio, es que no solo nuestro entorno necesita estar limpio, aseado. Algo mucho más importante necesita atención; nuestra mente.

En las prácticas budistas, se le da central importancia a la limpieza mental. Se podría afirmar que su propósito profundo es precisamente éste, el aseo psicoemocional para ser libres y ser felices, desde la mente y sus estados.
Las prácticas contemplativas/meditativas, los preceptos éticos y el desarrollo de la sabiduría, no son más que los medios para barrer o asear los estados perjudiciales predominantes que son causa de sufrimiento, y llevarnos a una transformación y trascendencia hacia estados beneficiosos, libres del polvo y suciedad.
Al incorporar estas prácticas, gradualmente vamos identificando los rincones sucios de nuestra mente. Nuestra atención se agudiza para abrir la visión a la suciedad debajo de la alfombra, aquella que normalmente escapa a la ojos. También aprendemos a barrer adecuadamente, y ventilar la casa interior apropiadamente.
Al meditar a diario, es como si poco a poco, todos los días, avanzáramos en limpiar un rincón extra de la casa, y es más, desarrollamos el hábito saludable de percibir los beneficios de la limpieza y el gusto por ésta.
Naturalmente habrán días, en donde será más difícil, o no lo hagamos. Es parte de la experiencia humana que esto suceda. En ese proceso sin embargo, somos amables y pacientes con nosotr@s. Aceptamos el hecho que hay días en donde sencillamente es difícil. Esta aceptación nos trae calma en la tormenta, y nos permite salir antes de ésta.
Ya sea que incorporemos prácticas ancestrales de consciencia como las budistas, o alguna práctica de mindfulness, que nos dé presencia y nos permita una auto observación amable, veremos que la suciedad mental que es causa de dolor, irá cediendo, y seremos, paso a paso, más felices.
Gracias por leerme. Si lo deseas, comparte esta entrada con tus amistades o personas que creas les pueda servir.
Que todas y todos podamos vivenciar paz, calma, equilibrio, armonía y tranquilidad en nuestras vidas.
