Mostrarnos vulnerables, y su lado B
El qué dirán, y como gestionar la vulnerabilidad con la meditación
Mostrarnos vulnerables puede ser en muchas ocasiones un reto, un desafío enorme, en donde muchas veces quien gana es la desconfianza y el guardarnos a nosotros mismos, evitando expresarnos con nuestros rincones expuestos; porque en definitiva, decidir mostrar nuestra vulnerabilidad implica ser valientes y en cierta medida, tener una visión un poco optimista de nuestro entorno, pues éste influye mucho en la decisión de lo que mostramos, o no. Sin embargo, la vulnerabilidad hacia afuera es un aspecto. Otro muy importante y primero en relevancia diría, es mostrarnos a nosotros mismos, vernos a nosotros mismos vulnerables, es decir, abrir esa cascara, sacarnos esa mascara de auto imagen, y apreciarnos tal como somos, con nuestras luces y sombras, y hacer eso también puede ser incluso aterrador.
¿Cuantas veces nos permitimos ser vulnerables?
Esta es una pregunta que quizás te has hecho en algún momento. Yo me la he hecho en alguna ocasión y la verdad es que a medida que pasa el tiempo he aprendido a abrirme a la vulnerabilidad desde una aceptación personal, es decir, abrirme a lo que soy en mis diferentes aspectos y estados de ser, sentir y pensar, y valorarme (imperfectamente) tal como soy. Por otro lado he ido aprendiendo poco a poco a abrirme más con quienes sé no me juzgaran y me quieren tal como soy. Sin embargo llegar a este presente no ha sido un “paseo por el parque”, ha sido un transitar por el “valle de la oscuridad” durante repetidas veces, porque no es fácil, y me aventuro a decir, para nadie, ver su yo desnudo, carente de las máscaras que nos imponemos a nosotros mismos, o máscaras hechas a la medida de la sociedad.
El fantasma sofocante del qué dirán
En pos de aspirar una tranquilidad interior o una eventual paz, cosa que aún es un trabajo en proceso con hartos tropiezos, y con una respuesta inconclusa, y sin embargo, en mi transitar humano he ido rozando, rasguñando, vestigios a una posible respuesta a esta auto realización, la cual es; no dejarse influenciar por el qué dirán (o al menos, deseablemente disminuir su importancia de manera considerable).
En mi experiencia, esto ha sido de absoluta relevancia en sentirme mejor conmigo mismo. Porque aunque lo hayamos leído quizás muchas veces, una cosa es leerlo, u oírlo, y otra cosa es con guitarra, practicarlo. El pinchazo del ego cuando se siente herido porque la imagen que proyectamos no ha sido como esperábamos, duele. Esta ilusión de querer caer bien, que los demás nos quieran, se siente como algo elemental, básico. Como un sentir primordial, en un sentido de que esta incrustado en lo más profundo de nuestra psique, enraizado en esos rincones de nosotros mismos que no queremos ver, que huimos como si fuera la plaga.
Una herida profundamente inconsciente, y sin embargo de tentáculos largos y omnipresentes, que influencia nuestro comportamiento de una manera omniabarcante, y que no solemos ver o entender hasta que comenzamos a tener atisbos de este pulpo agobiante, lo que no quiere decir que éste desaparezca, más bien, comienza una aventura de autoconocimiento que en muchos casos es dolorosa. Creo que el mejor ejemplo de éste proceso es el tener una herida infectada. Duele y clama que la sanemos. No queremos tocarla porque duele, pero llega un punto en donde no tenemos de otra; necesitamos tratarla para que ésta vaya sanando poco a poco. Debemos comenzar por abrir esta herida y purgar el pus lo que es la parte más desagradable, y sin embargo, mezclado con ese dolor, viene un alivio. Hemos tocado la herida, ya se ha abierto y ahora debemos cuidarla, ponerle desinfectante, vendas, etc. En muchas ocasiones, es sabio y oportuno pedir ayuda. Una “enfermera” o un “doctor” que sepa como se hace para que nos apoye en el proceso. No es distinto este ejemplo al hecho de tocar las heridas de la mente que tienen su raíz en el desconocimiento de nosotros mismos, del daño acumulado por heridas olvidadas, o recordadas con pesar como algo que nos toca como si hubiese sido en aquel instante de nuestro pasado.
Las murallas y murallas del monumento de nuestra personalidad y ego que hemos puesto como una fortaleza formidable, o como las capas de una cebolla, que una bajo la otra hacen de llegar al núcleo una odisea digna de Homero, de la Ilíada.

El lado B de mostrarnos vulnerables
Ser vulnerables entonces es algo complejo y sin embargo Muy necesario. Aunque aquí cabe poner atención a otro aspecto de la vulnerabilidad y es que, aunque podamos serlo con nosotros mismos, o lleguemos a tener la bendición de serlo con algunas selectas personas dignas de nuestra confianza, es difícil serlo de manera más abierta y me atrevería a decir, no aconsejable, si es que no estamos preparados para el látigo de esos seres humanos aún profundamente heridos y ciegos a ello, que en su dolor, desprecian y atacan la vulnerabilidad con burla, desdén, u otro sentimiento tóxico. A veces lo hacen de manera verbal, o de obra, o muchas veces detrás del anonimato que entrega internet, es decir, más encima son cobardes. En otras facetas, podrán guardarse su veneno pero este se refleja en su mirada, pues el cuerpo refleja bien lo que el alma tiene en predominancia.
Esto no quiere decir que estos seres humanos no sean capaces de entregar algo bueno, quiere decir que son personas Muy heridas, que aquellos aspectos buenos están bloqueados, oscurecidos, sepultados detrás de un odio, desidia, desdén, o un regocijo insano por la desgracia ajena. Desgraciados son quienes así sienten, y lo digo desde un sentir de compasión, porque nadie que así sienta puede ser feliz, aunque en apariencia demuestre otra cosa.
Es menester estar atentos, y si vemos que en algún momento nos cruzamos con este tipo de individuos, es mejor evitarlos. Es menester discernir y elegir, y cultivar aquellas relaciones con personas de buen corazón, que nos deseen el bien.
¿Y como gestionar la vulnerabilidad?
No hay receta universal, pero sí acercamientos que quizás nos ayuden puntualmente, y en diferentes momentos de nuestro proceso.
A mi me ha ayudado a abrirme y a verme tal como soy a través de la meditación. Ésta ha sido una herramienta fundamental de autoconocimiento, y me ha permitido entrar en contacto con mis heridas. Pero no solo eso. Me ha proporcionado una herramienta para gestionarla, porque no basta solo abrir una herida, precisamos tratarla. Con la meditación, varios ángulos de acción se abren para este tratamiento. Uno es la capacidad de dirigir la atención con consciencia; ya no estamos al vaivén del oleaje en la tormenta, ahora poseemos un ancla que nos sostiene; esta ancla es la atención en la respiración que siempre nos acompaña y nos permite sostener la consciencia en el aquí y el ahora. Muchos pensamientos y sentimientos surgen como parte del proceso de sanar y la atención en la respiración nos sostiene y afirma para ver con claridad la esencia transitoria de estos pensamientos y sentimientos. Esto es profundamente revelador y profundamente sanador. Mientras más uno practique, en un sentido de continuidad diaria, mejor.
Además, la meditación me ha permitido entrar en contacto con mi corporeidad, es decir, con mi cuerpo y sus sensaciones. No he cesado en asombrarme en cuanto uno ignora de si mismo porque nuestra mente permanece durante la mayoría del tiempo en agitación, en distracción, y por ende, en un estado burdo y superficial. La meditación entrega un sosiego y una agudeza que permite sentir más, pero de la mano con algo muy importante, que es la ecuanimidad o equilibrio sustentado en la visión de lo transitorio de las emociones y pensamientos que antes solía identificarme con ahínco. Ahora comprendo desde la experiencia que todo es pasajero y que he ido construyendo una edificación de defensa ante las heridas para no sentirlas, en desconocimiento de que estas no se van, más bien crecen y se robustecen con cada muralla que uno construye en la psique. La meditación permite de a poco deconstruir esas murallas y aprender de esos constructos, a su vez que uno construye un pilar que nos sostiene. Esto suena milagroso pero es autoconocimiento, introspección y conocimiento experiencial de uno mismo. Es importante mencionar que todo esto no es instantáneo, al menos en mi experiencia personal, más bien ha sido un proceso gradual y en desarrollo, porque no tengo nada resuelto, con la salvedad de que esta herramienta ha sido y es un pilar fundamental en mi bienestar profundo.
Existen otras herramientas para gestionar la vulnerabilidad. Para mí por ejemplo ha sido contar con unas pocas personas con quien me siento en plena confianza de mostrarme tal como soy. A algunas personas les ha servido ir a Terapia, o practicar otras disciplinas que les ayudan a revelar esa vulnerabilidad en sí mismos. ¿Quizás tu cuentes con experiencias valiosas que desees compartir?.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
¿Este es un tema que sientas importante?. Si es así, por favor comparte tu sentir e impresiones personales en los comentarios. Es enriquecedor conocer otras experiencias y yo feliz que este espacio de cabida a ello. Ademas me motiva a continuar escribiendo al respecto.
Recuerda que, si este contenido te gustó, o sirvió, o algo positivo te dejó, te pido puedas dejarme un corazón o una interacción, ya que estas plataformas las procesan como contenido valioso y la mostrará a más personas. Así estas palabras quizás le lleguen a otra persona que le pueda servir.
Un abrazo,
Aarón


Por los diferentes espacios que he transitado, he aprendido que la meditación es una forma de exposición y que esta última sigue siendo, a pesar de las críticas o contrariedad que pueda generar, el método más efectivo para tratar diversas problemáticas (partiendo por experiencias asociadas con trauma). Conozco tu camino y creo que te he dicho lo privilegiado que eres de poder nutrirlo de manera tan profunda 🙏🏼, ya que el tiempo que requiere la práctica para llegar a esos lugares es largo, así como la capacidad interior para adentrarse con toda la vulnerabilidad que puede generar.
Mostrarse vulnerable no es exponerse sin filtro, es más elegir con cuidado desde dónde y con quién abrir y mostrar aquello que duele. El trabajo real empieza cuando dejamos de usar la fortaleza como refugio y empezamos a usarla como base para mirar hacia adentro sin huir.