Navegar el tiempo
No hay un final; sobre el cambio, percepciones, muerte y renacer.
Me ha pasado que la percepción que he tenido desde hace ya un tiempo, la percepción de lugares, cosas, relaciones, ha ido cambiando. No es extraño que esto suceda, mas bien es parte de la vida a mi entender, aunque a veces puede ser doloroso, o desagradable. A ratos la nueva percepción es bienvenida, a ratos neutral, a ratos un duelo personal. Durante algunos años he vivido en una espiral de incertidumbres, sin tener una mayor certeza más que la Fe en el camino que me he trazado. En esta construcción y deconstrucción de mi identidad, he ido rescatando algunas experiencias y aprendizajes, los cuales, particularmente en esta publicación, me nace compartir sobre el no final.
No hay nada final o definitivo.
Creemos que nuestros pensamientos, orientación, ideología, o cualquier aspecto con el que nos identificamos es algo fijo o predominantemente establecido, sin embargo, no es mas que un constructo temporal, a veces persistente, pero no es definitivo. Somos seres que podemos y tenemos la capacidad de cambiar. Las circunstancias de la vida, las personas con quienes nos rodeamos, el entorno en el cual vivimos, el contenido que consumimos, etc, todo ello va moldeando nuestra percepción y set de creencias y/o experiencias que podrán para mejor o peor modificar quienes somos, es decir, nuestra identidad.
Como seres con potencial de cambio, con las herramientas adecuadas, podemos de manera consciente filtrar aquello que adoptamos, y rechazar aquello que no es bueno. Podemos, desde el discernimiento, orientar el rumbo de identidad de nuestra psique.
A veces, la vida nos empuja más allá de nuestras elecciones personales, en particular cuando se trata de eventos o circunstancias externas. Precisamos sostenernos en aquello que en nuestra auto realización, y auto confianza, creemos es provechoso, y no dañino, para nosotros y los demás. En definitiva, independientemente a lo que las circunstancias externas nos empujen, nuestro fuero interior es el timón capaz de salvaguardar el lente de lo que vemos y como lo vemos, y por ende, navegar las circunstancias externas con habilidad, o no.
En ocasiones lo externo crea dificultades, y nuestro fuero interno las multiplica, es decir, nuestras reacciones, miedos, y desesperanzas. Sin embargo, y aunque sea muy complejo, es necesario tener en cuenta, y fortalecer, ese pilar interior de auto conciencia que se sustenta en nuestras virtudes, las cuales a modo de amigo interno, nos propiciará las herramientas beneficiosas que nos sostendrán ante las adversidades.
Creo que nada es inamovible, nada es definitivo, aunque algunas cosas pueden ser perdurables o en apariencia, permanentes.
Creo firmemente, y el tiempo me ha ido fortaleciendo esta creencia, que más que creer, es dar Fe, que ni siquiera la muerte es definitiva; es, como la sabiduría antigua indica, un cambio de piel, una nueva mudanza. El cuerpo material queda para desintegrarse como toda materia orgánica, y lo que continua es nuestra esencia, nuestra energía, compuesta del cúmulo de pensamientos y tendencias psicoemocionales, ahora libres del ancla del cuerpo, para navegar el astral, y los mundos sutiles donde esa energía resuene.
Pero aterrizando en el aquí y ahora, la verdad es que, uno pasa por muertes y renacimientos todo el tiempo. Como nada es definitivo, nada permanece, todo es mudanza, algunas veces toma mas tiempo, otras veces ese cambio es constante, y eso puede ser doloroso, porque no es fácil aceptar que algo o alguien se separe de nosotros. Incluso la mera idea de perder a alguien que amamos es dolorosa. No podemos hacer nada al respecto porque todos estamos de paso. Sin embargo, es menester auto realizar y abrazar, el hecho que nosotros con nuestra personalidad, con nuestra identidad, también morimos y renacemos, con renovadas experiencias, y eso nos hace incluso a veces incompatible con nuestros círculos previos de amistades, o entorno. A veces no es que nosotros seamos incompatibles, es que los demás nos rechazan, porque ya no somos los mismos de antes. En mi experiencia, hay relaciones que perduran porque se basan en vínculos fuertes de amor, respeto, valoración, y crecimiento mutuo. Otras relaciones sencillamente van quedando en el camino, y algunas de ellas puede ser doloroso verlas partir, o uno apartarse, y eso esta bien. Cuando aceptamos (y no perfectamente), el hecho de la temporalidad de todos, y especialmente de nosotros mismos, uno puede vivir los acontecimientos transitorios de la vida, incluyendo a quienes son parte de la nuestra, con una dimensión de aceptación distinta que nos trae un cierto sosiego.
Muchas veces también, y esto lo digo a nivel personal, que es importante aceptar la propia responsabilidad en muchos de los acontecimientos y relaciones. Porque nosotros somos un porcentaje importante de que estos acontecimientos o relaciones sigan un rumbo, o evolucionen y permanezcan de manera mas profunda, o renovada, al mantener el contacto, el interés, la comunicación.
También se hace necesario tomar decisiones difíciles y apartarse de ciertos entornos, o de ciertas personas que bien pudieran no hacernos bien, y que en nuestro interior sabemos que lo mejor para nosotros, es dar un paso al costado, y seguir nuestro propio camino, abiertos a lo que esto nos pudiera entregar. Valorar y nutrir los entornos y personas que sí, nos nutren, valoran y valoramos y nos hacen ser mejores seres humanos.
¡Gracias por leer y llegar hasta aquí!
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Un abrazo,
Aarón


