¿Paz interior?
Un acercamiento con los pies en la tierra y desde la meditación como herramienta
Nadie quiere vivir en el sufrimiento.
Todas y todos queremos ser felices y vivir en paz.
La paz podemos definirla en la ausencia de su opuesto, es decir, en la ausencia (o en parte ausente) de la agitación que surge de emociones casi cotidianas como la ansiedad y angustia, cuando hay mucho futuro; como la depresión, cuando hay mucho pasado y el desasosiego, cuando hay rechazo y no aceptación de lo que es en el momento presente.
Sea en mayor o menor proporción, estos estados mentales (de agitación y sufrimiento) nos acompañan, y son de hecho la costumbre. Lo demás queda relegado a episodios escasos y puntuales, a lo largo de la vida, y tales episodios caracterizan lo que anhelamos revivir y establecer en nuestras vidas. Por ende, hay un consenso en querer encontrar paz, encontrar felicidad.
Las características externas pueden variar de persona a persona, pero si vamos a la vivencia, normalmente la felicidad más duradera se caracteriza por traspasar por instantes de sosiego y suficiencia, aceptación, seguridad, confort, etc. y a su vez, acompañados por una disminución sustancial de los estados de miedo y agitación, de alerta y defensa, e incertidumbre.
Habiendo ciertas condiciones base cubiertas, nuestra mente esta más en calma, aunque sea a nivel superficial.
A nivel más profundo, existe nuestra capacidad humana de conectar con estados de calma y tranquilidad, y felicidad duradera. Estos se relacionan al sentimiento, estados de consciencia benéficos que se asocian a la sabiduría en oposición a la reactividad y el desconocimiento.
Cuando practicamos meditación, podemos vivenciar esta sabiduría en nosotros. Por unos instantes abrimos las cortinas a un conocimiento interior que se encontraba en dormancia, a unos estados del Ser, y éstos al vivenciarse, nos dan una ruta, un mapa que nos guía, una certeza.
No significa vivir para siempre en paz, significa que ahora sabemos, por experiencia, que hay algo más, y ya no estaremos a la deriva. No es creencia, que normalmente ésta acarrea miedo. Es un saber vivencial que nadie podrá arrebatarte.
La mente continuará experimentando miedos, penas, angustias, ansiedad, etc. Pero ahora habrá algo más, un algo que será un pilar interior, un árbol hermoso y saludable que crecerá y te dará las herramientas para vivir, paso a paso, más plenamente, con seguridad interna, independientemente de las circunstancias externas, del mundo.
El sufrimiento será menor. Existirá, pero ahora, además, te acompañará una brújula constante para ayudarte a salir airosa, airoso, de las tormentas.
Gracias por leerme.
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Que todas y todos seamos felices
Aarón

