¿Por qué cerré Instagram?
Una reflexión sobre el uso de las redes sociales
Comencé a usar Instagram hace aproximadamente 6 años. Recuerdo que una amistad de entonces me sugirió hacerme una cuenta. Me habló de lo entretenido o atractivo de compartir contenido, fotos entonces, entre otras cosas. Tenía que ver con el mantenernos conectados por esa vía.
Anterior a eso sólo tenía Facebook, y lo usaba de manera intermitente, porque nunca me gustó esta red social en realidad; la encontraba artificial, superficial y falsa en su manera de “conectar”, en más de una faceta, especialmente el hecho de andar mirando las publicaciones de los demás y los “amigos de amigos”, que en realidad son cuentas relacionadas. Esto de andar mirando que hace el otro/a, como cual vecino bisagra anda espiando que hacen los demás. Ahora bien, lo positivo sí es que para muchas personas les sirvió para encontrar viejas amistades o conocidos que de otra manera no hubieran podido retomar contacto.
También tenia que ver con mi concepción de amistad. Siempre he considerado -y con aprendizajes en el camino-, que la amistad es mostrar un interés real por la otra persona. Nada de lo que mostraban estas redes sociales se acercaba a eso en mi caso. Y por último un factor no menos importante, entonces también existía un componente de inseguridad. El hecho de conectar con gente conocida, o recibir “me gusta” (o no recibirlos), en las publicaciones, era algo que sentía con cierta ansiedad. Eventualmente, después de suspender y reactivar Facebook varias veces, terminé por borrarlo y fue lo mejor.
Con Instagram en un principio lo que si me gustó fue el hecho de compartir fotos. Entonces esta red social se concentraba en eso. No recuerdo que estuviera esta maquinaria insidiosa de videos cortos y publicaciones y publicidad compulsiva arremolinándose en mi pantalla del celular; lo que había entonces eran las fotos de amistades y conocidos, y los comentarios e interacciones eran más saludables.
Posteriormente la cosa comenzó a cambiar. Particularmente, por el año 2019 y 2020 e inicios de la pandemia recuerdo haberme hecho un Instagram público. Al principio era para compartir escritos, poesía y fotos inspiradoras. Fue un periodo interesante y al mismo tiempo recuerdo que publiqué mi primer libro, llamado “Humana Espiritualidad - en declarar la ascensión de una aspiración”.
Ya a mediados del año 2020 en plena pandemia, el uso de Instagram se volcó hacia el compartir temáticas de meditación. Fue un buen periodo, sin embargo, la plataforma fue sufriendo cambios drásticos, apareciendo entre medio los videos cortos, las fotos perdían alcance, y la demanda por contenido más elaborado y la incertidumbre del alcance hicieron del uso de esta plataforma pública algo engorroso y agotador. Más que el contenido y el alcance que tuve en un inicio que era bastante aceptable, ahora el algoritmo poseía total control, y ví de manera patente que no me favorecía.
Esto fue una de las cosas que me hizo cuestionar entonces el uso de Instagram como fuente de compartir contenido. Al pasar el tiempo esta situación solo fue empeorando. Sentí que esta plataforma definitivamente no era lo mejor para mí. Por un lado deseaba visibilizar mi contenido, pero cada vez era más difícil que esto ocurriera de manera orgánica (no así cuando recién me hice mi cuenta pública y los meses posteriores).
Luego también vi con creciente preocupación la aparición de cuentas falsas, las cuales actuaban a modo de spam y que espiaban mis historias. Esto lo encontré particularmente incómodo, al sentir que no era un espacio seguro. Sabía desde un principio que tener una cuenta pública significa exponerse. Aún así, enfrentarse a esta oleada de gente anónima que actúa en impunidad desde la clandestinidad del mundo online fue incomodo, especialmente por el hecho de que en mis historias intentaba compartir contenido más personal, con videos o fotos personales (donde aparecía yo hablando o mi imagen) para crear más cercanía con el público objetivo de mi cuenta, y de tanto en tanto aparecían cuentas obscenas ó de apuestas, etc, queriendo llamar la atención. A su vez, sabía que en mi caso al menos era lo menos. Muchas otras personas con cuentas públicas y especialmente con alcance mayor, han recibido de todo, entre acoso, amenazas, etc.
Sin embargo creo que lo que más me agotaba es lo que usualmente no se ve, de quienes creamos contenido online; la cantidad de tiempo y esfuerzo empleado, sabiendo que en otros contextos este contenido si ha tenido muy buena recepción (como algunos cursos que hice), y en Instagram sencillamente era como desperdiciar tiempo y esfuerzo sin haber algún retorno o resultados medianamente o incluso mínimamente aceptables, que justificaran seguir empleando el tiempo, esfuerzo (e incluso dinero) en ello.
Tuve mis pausas y vueltas, hasta que decidí borrar mi Instagram público, después de alrededor de 4 años de funcionamiento.
Otra realidad que fui visualizando en esta plataforma es que en general las personas que consumen por ese medio, lo hacen siguiendo o adaptándose a la dinámica impulsiva de esa plataforma; pasar de una historia a otra sin espacio de “digestión”, al igual que el “scrolling”, pasando de una publicación a otra de manera veloz, sin tomarse el tiempo de reflexionar o pausar (salvo excepciones por supuesto) y debo confesar que me ví envuelto en esta dinámica en muchas ocasiones, el pasar de un vídeo a otro. Veía cómo la plataforma identificaba mis gustos y me enviaba de manera interminable videos de mi interés de manera compulsiva, además de publicidad.
La arquitectura de Instagram definitivamente va por el lado del consumo rápido y hasta irreflexivo; por lo mismo que las cuentas de memes o de contenido reaccionario son populares. Apelan a la reacción rápida e interminable.
Hablar de calma, de pausar, de reflexionar, es algo que, si no imposible, no tiene mucho espacio en una plataforma totalmente ajena a este objetivo. Es menester tener en cuenta que su arquitectura está basada en el patrón adictivo de las máquinas tragamonedas, es decir, el principio adictivo de los casinos, llevado a un nivel extraordinariamente insano (sí, porque esta industria de billones de dólares a puesto cantidades ingentes de dinero, tecnología, inversión y de los mejores profesionales al servicio de hacer a las personas adictas a los me gusta y a “necesitar” quedarse el máximo posible dentro de ésta consumiendo). Hoy en día existen muchos estudios al respecto, basta buscar en Google sobre efectos de las redes sociales para dar con bastante contenido sobre este tema.
Instagram personal, algunas reflexiones
Mi última cuenta que suspendí (y ya va cerca de un mes), es mi cuenta personal. sostuve este espacio porque me permitía mantener una cercanía con personas que me importan, amistades etc.
Sin embargo, con el tiempo me fui dando cuenta que la dinámica de “cercanía” en los intereses que entrega Instagram era en realidad una falacia; las personas y me incluyo, consumimos sobre los demás, en que están, la novedad, etc. Pero esta novedad cae en la superficialidad de la relación; el dar “me gusta” o enviar algún comentario o recibirlo puede ser satisfactorio, sin embargo jamás reemplaza la relación humana más directa. En nuestras vidas existen distintos tipos de relaciones. Puede que un porcentaje sean personas que en algún momento de nuestras vidas conocimos y quedamos en contacto a través de las redes sociales. Nada de malo en ello.
Donde vi, en mi caso, lo perjudicial de las rrss, fue en pensar que éstas ayudarían a mantener una cercanía con aquellas personas que me importaban (en el caso de mi cuenta privada). La verdad es que no era así. A quien más le importas, no le interesa si estas en Instagram publicando, o no. Se acercará a ti, te escribirá, te llamará ó si le es posible, te irá a visitar físicamente. Encontrará la manera de interactuar contigo, porque tendrá un interés real por saber de ti y ser parte de tu vida.
Instagram u otra rrss podrá ser una herramienta más de interacción pero en realidad, lo más enriquecedor es la comunicación directa con aquella persona que quieres, o que a uno le importa. Nada reemplaza la visita física y vernos los rostros, reír, compartir una tarde con música o salir a caminar, o conversar de manera distendida y en confianza. Y si no es posible verse fisicamente, a lo menos, escribirnos, o llamarnos directamente, o por videollamada.
En un mundo donde la tecnología puede darnos grandes satisfacciones y facilidades, también existe el lado negativo como su contraparte, y las redes sociales son un escenario donde ambas facetas conviven. Y me atrevería a decir, que la balanza en el presente es hacía lo perjudicial y esto es así porque quienes han creado estas plataformas lo han hecho desde un interés de explotación donde nosotros los individuos somos el producto y el bien más preciado nuestra atención.
Sin embargo, es en nosotros donde reside el poder de cambiar la dirección de las cosas (en gran medida), ya que podemos decidir soberanamente qué y como consumir, en donde interactuar, qué usar, etc.
Éstas semanas sin Instagram para mí han sido una bendición, he sentido un peso salir de mi cuerpo, y he recuperado un porcentaje importante de mi valiosa capacidad de atención, haciendo uso de ella en cosas que me gustan y me hacen bien. En nutrir más las relaciones interpersonales de manera directa. En consumir de manera libre plataformas amigables con mi soberanía y decisión.
Ser conscientes de aquello que nos hace bien y aquello que nos hace mal, y elegir la una por sobre la otra es un gran paso hacia ser más felices y encontrar calma y tranquilidad, y paz como aspiración de una vida alineada con un bienestar real y duradero.
La tecnología y sus avances deben estar al servicio de la humanidad y no en función de explotarla. Hoy en día creo que se inclinan en lo segundo y es menester de ti, de mí y de cada uno elegir conscientemente y cambiar el rumbo.
¿Tú qué piensas?.
¿Te ha afectado en alguna medida el uso de las redes sociales?.
¿Te has tomado descansos o desearías salirte?
Estaré feliz de leer tus experiencias e impresiones.
¡Gracias por llegar hasta aquí!. Hasta una siguiente publicación,
Con los mejores deseos,
Aarón




Leí tu artículo y fue como si desanudaras todo lo que pienso. A veces creo que Substack y en general las RRSS tienen poderes telepáticos. Veo mucho en común con lo que compartís. Alejarse de Instagram por varias razones, ser más cercano con quienes realmente desean saber cómo estás y la fortaleza de la privacidad. Me han encantado las fotos. De mi parte hace 2 años que me retire de IG, ahora solo lo uso para hacer crecer mis emprendimientos dando clases de todo tipo. Siento un alivio increíble y mucho más conectada. La meditación ayuda muchísimo, ¿vos cuál hacés?
Yo me tomo descansos y las desconecto por periodos. Me he dado cuenta que no es mi sitio.