¿Por qué meditar? parte 1
Una necesidad de trascendencia. Una necesidad espiritual.
¿Por qué meditar?
En mi opinión, y en mi experiencia, practicando por más de 14 años, es por que es una necesidad. Meditar entrega un tipo de bienestar que no es cualquier tipo de bienestar, porque en efecto hay muchas disciplinas que hacen bien, y algunas constituyen una necesidad biológica de bienestar, tales como el ejercicio físico, y una alimentación saludable y nutritiva. Otras (y muy importantes) son una necesidad social de vínculo, de comunidad.
Sin embargo, meditar está vinculado a una necesidad Espiritual. Una necesidad de trascendencia. Es un llamado Existencial. Es el medio por el cual es posible adentrarnos a conectar con algo que es alimento y es medicina para el alma y por lo tanto nos conduce a un bienestar que no está sujeto al deterioro temporal de nuestra existencia carnal humana en la tierra, aunque a su vez y paradójicamente, está intrínsecamente relacionada y es su fundamento.
Es innegable que la crisis que muchos hemos vivido o vivimos actualmente (o llegaremos a experimentar) a nivel individual y colectivo, es una crisis de pertenencia, de espiritualidad. Intentamos encontrar sentido y en esa búsqueda tanteamos a ciegas en un mundo confuso y a menudo cruel. La meditación, como medio, es un puente a una trascendencia, aquella que vamos sintiendo y explorando gradualmente conforme vamos dando pasos en la quietud y en la consciencia de la transitoriedad, en la contemplación de la fenomenología de nuestro cuerpo y mente no como concepto si no como un hecho innegable y tangible, es decir, abrirnos a la sensibilidad de nuestro ser y ser capaces de tolerar eso que somos, comenzando desde lo más burdo, que son nuestros constructos del dolor, los apegos, los deseos, y todo aquello que subyuga nuestra atención y que no somos capaces de conducir en consciencia.
Aquellas partes íntimas del alma desean con ahínco abrirse paso a nosotros pero es menester que desde nuestra brutalidad y tosquedad, hagamos un proceso de refinamiento de nuestro vehículo de la consciencia. Al ser las primeras capas de este vehículo (nuestra mente) burdos (o dicho mas bien, permeado en lo burdo), llenos de avidez, aversión, ofuscación, contradicciones y desconocimiento, se torna Muy difícil adentrarnos en esta primera etapa que es navegar las tormentas de nuestra psique más primitiva. Debemos emplear las habilidades que se encuentran en las capas más refinadas de nuestra psique que tengamos desarrolladas en cierta medida para que vengan en nuestra ayuda, tales como el amor, la compasión, la voluntad, la empatía, el discernimiento, la templanza, la tolerancia, la claridad, el conocimiento de uno mismo, entre otros factores determinantes para que la marea no nos arrastre en su remolino de emociones intensas, prejuicios, odios, violencia, deseos ciegos y la gran ilusión de nuestra personalidad como la regente imagen que hemos construido y que tememos que sea dañada o perturbada, defendiéndola con nuestras mas oscuras fuerzas.
La normalidad de nuestra existencia humana gira en torno a la mente de deseos, insaciable, donde el protagonista es la mente distraída, maleable, condicionada ante los estímulos del entorno, y las imágenes que impregnan los conceptos que vamos incorporando como verdades, haciéndose costumbre. Tal es la costumbre, que es intolerable pretender querer salirse de esta rueda perversa de la sociedad en que vivimos, ávida de adormecerse a si misma, pues es muy doloroso enfrentar nuestras sombras. Sin embargo, para algunos, se hace aún más intolerable seguir esta farsa de los deseos mundanos y buscamos algo más, algún atisbo de trascendencia. La encontramos en palabras de sabiduría, a menudo en algunos extractos antiguos de seres extraordinarios que nos legaron su experiencia practica para poner delante nuestro un mapa y una guía, una brújula que apunta a un horizonte elevado del cual SOMOS parte.
La meditación, el Insight, o contemplación penetrante (y que comparto aquí) es un ensamblaje de características de la consciencia en donde la atención se dirige hacia la característica de la existencia toda, que es vibración, cambio, ondas, impermanencia. En vez de seguir en esta vorágine de escape hacia lo externo (sin contemplar, más bien reaccionar), al meditar, incorporamos esta visión penetrante de la característica de transitoriedad de todos los fenómenos, y lo llegamos a comprender (gradualmente), a nivel del cuerpo y de la mente desde la experiencia directa, no como un concepto intelectual/filosófico.
Por ser la naturaleza de observar así, se alinea con la naturaleza toda, y entonces logramos atisbos de conexión con esta naturaleza toda; y ésta conexión es igual a quietud, calma, contentamiento, y por ende, felicidad, paz, autorrealización. Logramos estos atisbos y nos transforman por completo, por que ahora hemos probado algo distinto, algo INMENSAMENTE significativo, algo elevado, y que es parte de nuestra esencia. Por supuesto, después de vivir estos atisbos, volvemos a caer en la vorágine de la mente de deseos, pero ahora sabemos, tenemos un vislumbre espiritual, y deseamos establecernos en ello que es bueno, que es trascendente, y totalmente distinto a lo que el mundo y sus placeres pueden ofrecer, puesto que los placeres del mundo van intrínsecamente atados al dolor. Como bien plantea la sabiduría antigua, nuestra existencia humana del entorno y de nuestra constitución mental/corporal es transitoria, nada permanece realmente y por ello todo aquello a lo que nos aferremos inevitablemente se deslizará por las arenas del tiempo y del cambio.
Esto no significa ser trágico. El miedo surge de la sensación de perdida, real o imaginaria, tangible o intangible. Por ello es inevitable que en algún punto de nuestras vidas, nuestra íntima naturaleza interior que es más elevada nos susurre que es momento de elevar nuestras aspiraciones, de emprender un viaje interior de significado, el cual permee nuestros esfuerzos externos. Es esa alineación con algo más trascendente lo que nos guiará a tener vislumbres de significado en este mundo de energía y transformación. Y esa alineación, esa conexión, se logra por medio de la práctica de la meditación.
Cuando hablo de meditación aquí, me refiero a la Ley de la Naturaleza. Algunos con inclinación religiosa podrán sentir familiaridad con denominar a éstas como las Leyes de Dios. Pues bien, aquí quisiera emplear ello de igual manera puesto que, tal como lo plantea la sabiduría antigua “como es arriba es abajo". La naturaleza opera con leyes, leyes naturales, y algunas son superiores a otras. Distintos caminos podrán llevarnos a igual destino, y algunos se traslapan o complementan, lo importante es que meditar nos permite adentrarnos en la profundidad de nuestra mente, en la intimidad del alma humana. Nos permite, por medio del samadhi (concentración mental o espiritual), y una base ética, apaciguar la mente de deseos, apaciguar la agitación psicoemocional que opera como olas que no permiten ver el fondo del agua, como las nubes que tapan el cielo infinito.
Y el insight o visión penetrante - Vipassana o Vipashyana - ayudado por la energía del samadhi, limpia cual escáner con claridad aquellos rincones por sanar de nuestros constructos primitivos, haciendo resonar nuestra consciencia con algo mayor.
Volviendo al comienzo, al menos para mi, meditar es una necesidad. Y el bienestar que trae es trascendente.
De esto espero continuar profundizando en futuras publicaciones. Te invito a compartir tus impresiones y/o experiencias, y si llegaste hasta aquí, gracias por leer!!.
Con los mejores deseos,
Aarón

