Profunda aceptación, Vivencialidad y Actos de bondad
Tres reflexiones meditativas
La profunda aceptación de las emociones turbulentas, tal y como se manifiestan, es capaz de traernos nuevamente al equilibrio y calma interna.
Los momentos de gran turbulencia interior son verdaderos desafíos. Pensamos que deberíamos mecánicamente hacer algo para salir de tal estado y esto no es posible, solo enmascaramos, suprimimos una emoción para eventualmente llegar al punto de su estallido. También lo normal es involucrarnos en el torbellino y apegarnos a el, lo cual es aún más perjudicial.
El punto medio es precisamente la salida saludable; el cuerpo nos está hablando y no podemos seguir ignorándolo; la agitación mental nos está diciendo algo y el cuerpo es su voz. Cuando aceptamos, y esto quiere decir que simplemente nos permitimos sentir y nada más, y la actitud es un soltar, sentir, soltar, ocurre la magia de la descompresión. No es más que liberar las tensiones de aquello que hemos enterrado por no querer verlo, aquello sepultado y que como un volcán dormido, llega el minuto en donde no le queda otra más que estallar.
Llegar a ese punto de explosión hoy en día se ha vuelto algo normalizado.
Lo qué hay que normalizar es la aceptación que somos seres emocionales, sentimentales (mente-sentir), y los pensamientos están íntimamente asociados a éstas.
Volver a conectarnos con ellas, es la vía de la sanación.
Conectar, comprender, aceptar y trascender.

La vivencialidad como eje esencial es muy importante.
Asumir afirmaciones o propuestas de conocimiento por la mera lectura, o escucha, es insuficiente.
Incluso el nuevo paradigma que propone la ciencia y particularmente la evidencia que se ha ido construyendo respecto a la meditación, no tiene diferencia con la propuesta de los antiguos, si de afirmar ciertas verdades se trata, si en definitiva no tomamos la iniciativa personal de dar el siguiente paso y Vivir tal propuesta de conocimiento.
Cual sea el origen por el que nos suplamos de saberes, es esencial pasarlo por el filtro de la experiencia directa, sostenida y establecida en nosotr@s.
Otro filtro muy importante, es el corazón. Un espacio que nos conecta con la intuición; por la más razonable que pueda ser una propuesta de conocimiento o verdad, escuchar al corazón es fundamental ya que nos dará el discernimiento para ver más allá de lo aparente.
¿Desde que espacio alguien dice lo que dice?.
Esto último, en los tiempos que vivimos es una necesidad.
Cada vez iremos viendo como se abren paso paradigmas tecnológicos y propuestas deslumbrantes y sin embargo, es justo y necesario cuestionar si aquello tiene su raíz en el corazón o no. Mucho de ello no lo tendrá y será menester nuestro estar preparad@s en discernimiento.
La meditación es un puente a la voz de la intuición; cultivarla nos protegerá de las maquinaciones que se desenvuelven y desenvolverán, y nuestras elecciones de vida serán cruciales en este escenario de fuerzas en movimiento. Disponer de la intuición como canal de decisión es fundamental.
Los actos de bondad son inmediatos en el sentir, y su impacto es insospechadamente bueno a largo plazo, con implicancias desconocidas.
Tal es la ley de la naturaleza de regresar hacia ti aquello que das, que entregas, en cada momento y lugar y a su vez transformar la realidad de tu entorno, inmediato y lejano.
Las huellas más importantes que vamos dejando son aquellas que nos hacemos a nosotros mismos al ir trabajando interiormente, auto conociéndonos, revelando las reacciones y transformando nuestro Ser en aquello que es más noble.
El impacto más grande que podemos hacer como un bien hacia los demás es hacernos el bien a nosotr@s, al establecernos en lo bueno, lo justo y verdadero. Es lo que somos lo que extrapolaremos hacia el mundo, desde lo más inmediato hasta lo lejano.
Estas reflexiones fueron publicadas originalmente a través de mi instagram @calmaypresencia en distintos momentos.
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Gracias por acompañarme en el camino.
Que todas y todos seamos felices, y vivamos en paz.
Aarón

