Protección de la mente
Una introducción a los pilares que sustentan el autoconocimiento con base en la meditación y la consciencia.
La mente necesita ser protegida.
La vulnerabilidad de ella radica en comprender que existen tendencias perjudiciales que son causa de sufrimiento, y éstas se encuentran almacenadas en el inconsciente, actuando constantemente.
Cuando hablo de proteger la mente, me refiero a dar pasos que nos permitan fomentar, descubrir y abrirnos hacia los estados saludables de la mente, aquellos asociados a experimentar paz, tranquilidad, armonía y felicidad.
También significa identificar la causa aparente que ocasiona el surgimiento de los estados de sufrimiento, caracterizados por agitación emocional, ansiedad, depresión, ofuscación, etc.
En las enseñanzas antiguas dadas por Buda, podemos identificar tres grandes causas del sufrimiento.
1) Deseo empedernido o avidez.
2) Odio o estado de aversión.
3) Desconocimiento.
En los dos primeros, quien acompaña a esos estados siempre es el desconocimiento, por lo que este obstáculo es omnipresente como causa de sufrimiento.
La razón detrás de esta verdad, apunta a su causa próxima, es decir, que todo acto cometido con inconsciencia, su consecuencia será acorde.
A grandes rasgos, el deseo en su estado de avidez, al auto observarnos, es igual a agitación. Su característica es opuesta a la paz, armonía y felicidad. Lo que pueda identificarse como “felicidad” a partir del desear con ímpetu es un auto engaño, ya que en ausencia del objeto que reporta el placer momentáneo, la mente buscará nuevamente satisfacer ese deseo, una y otra vez. Al no saber como observar la raíz de este hábito, éste será predominante y crecerá insaciable; su característica también es opuesta al equilibrio interno.
El odio o aversión también es deseo, el deseo de hacer desaparecer algo, el rechazar a alguien, alguna cosa, evento, circunstancia. Es la no aceptación, y dependiendo de su fuerza, es una energía motivacional destructiva. Su característica es destruir y a su vez genera ofuscación en la mente.
Comprendiendo esto, vemos que detrás de la reactividad de la avidez y la aversión, se encuentra una raíz de desconocimiento de su causa. Este desconocimiento no es aquel vinculado al intelecto, al raciocinio o al conocimiento de libros y/o recibido por medio de una fuente externa. Es el desconocimiento a partir de la carencia de una vivencialidad, de ver el proceso, sentirlo y dimensionarlo en nuestro interior.
Al considera todo lo anterior, a estas tres causas raíces del sufrimiento, su incremento, y la aspiración a su cesación, nos encontramos con la necesidad de proteger nuestra mente.

Buda dijo “todo es producto de la mente”. Hoy en día, esto también se encuentra ampliamente difundido.
En el pasado, diferentes tradiciones entregaron recetas para salir de los estados perjudiciales de la mente y vivir los estados de bienestar.
Considerando las características culturales y sociales de cada época, un base común ha sido llevar una vida ética o moral, mediante la guía de ciertos preceptos o códigos.
En el Dharma, o Dhamma (ley de la naturaleza o conocimiento de la mente y cuerpo para comprender la raíz profunda del sufrimiento y salir de el, o también llamada psicología budista), podemos identificar tres grandes bases, las cuales en su conjunto nos llevan gradualmente a proteger y liberar la mente.
En primer lugar y la más importante, es llevar una vida ética. Se basa en cinco preceptos (“no matar - preservar y valorar la vida”, “no robar - ser de confianza”, “no mentir - hablar y actuar con la verdad”, “no consumir intoxicantes - mantener nuestra mente clara” y “llevar una sexualidad saludable - no caer en la promiscuidad”) que al seguirlos y comprenderlos, nos ayudarán a apaciguar y calmar la mente. Esto es fundamental para dar los siguientes dos pasos.
En segundo lugar tenemos la maestría de la propia mente, llamado hoy mas comúnmente como mindfulness. Es desarrollar la agudeza y energía mental necesaria para erradicar los estados insanos, evitando su incremento. Algunas prácticas meditativas apuntan a desarrollar este aspecto en profundidad. No se trata sin embargo de permanecer meramente en atención (el dónde y el como son muy importantes). Tiene múltiples fases y transiciones, y podemos encontrar su pilar en los cuatro establecimientos de la atención (satipatthana). En la psicología budista sin embargo el componente ético es trascendental como requisito previo. No es posible entrenarnos en la atención plena y en la tranquilidad mental (samatha) sin antes limpiar nuestro sila (vida ética). Esto sería incompatible.
En tercer lugar, tenemos el desarrollo de la sabiduría. A medida que vamos auto observándonos y desarrollándonos en la consciencia que la meditación nos otorga, de manera holística, es la sabiduría la que por si misma es capaz de establecernos en los estados saludables de la mente. La sabiduría aquí comprendida no es el mero conocimiento intelectual o aceptación devocional. Es la comprensión de cada paso dado con consciencia y discernimiento. Es la experiencia directa que nos reportará la fuerza motivacional para adentrarnos más y más en los beneficios de la meditación y auto observación.
Desarrollarnos en estos tres aspectos, y tener consideración de iniciarnos en una vida ética discernidora, nos dará la base saludable para proteger nuestra mente de la agitación y el sufrimiento, y nos fortalecerá para abrirnos a los estados saludables propios de una mente mas en templanza y presencia.
Este tema que es mucho más amplio, lo iré compartiendo en partes a medida que vaya compartiendo estos escritos.
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El próximo domingo 8 de agosto a las 10:00am estaré dando una charla sobre la meditación del corazón. Eres muy bienvenid@ a sumarte. Ésta será en vivo por medio de mi Instagram @calmaypresencia
