¿Qué predomina en la mente?
Profundizando en las huellas emocionales, sentimientos y autoconocimiento
A grandes rasgos, al auto observarnos, y especialmente valiéndonos de alguna herramienta de consciencia que nos permita acercarnos a esta auto observación, como la meditación por ejemplo, podemos llegar a darnos cuenta qué predomina en nuestra mente.
Puede ser un pensamiento o serie de pensamientos recurrentes, o quizás nos sea más fácil el sentir una determinada emoción que surge a diario.
En entradas anteriores he compartido acerca de las huellas emocionales o sankharas, que son “cicatrices” que se han “fijado” en nuestra psique y que determinan nuestro actuar en mayor o menor medida, determinan nuestra concepción del mundo, nuestra apreciación de la vida y cómo actuamos frente a distintas situaciones.
Estas cicatrices pueden ir muy profundo. En esa profundidad, en ocasiones puede ser difícil descubrir cuáles son su causa. Los traumas suelen “encapsularse”, es decir, que nuestra mente en un arrebato de auto protección, bloquea un episodio traumático y nos desconecta conscientemente de éste. Sin embargo, el trauma suele seguir operando, como un titiritero, moldeando nuestra personalidad y acciones cotidianas.
En las enseñanzas budistas (Buddha Dhamma) se habla de que el último momento antes de morir es de capital importancia. Esto es porque un sankhara (huella emocional) profundo, surge en la superficie de la mente, es decir, su energía emocional se revela con intensidad y será ésta energía la que al morir nos impulsará a un próximo nacimiento y las circunstancias favorables o desfavorables de éste.
No es necesario sostener esto como creencia y no es mi intención apuntar esta publicación en esa vía. Lo que sí podemos observar, es que los sankharas o cicatrices están siempre operando, y actos especialmente dañinos e intensos como matar, robar, herir, etcétera, vuelven a la mente constantemente, haciendo al perpetrador miserable.
En oposición a esto, el cultivo consciente del sentimiento, es decir, de la energía motivacional saludable caracterizada por pensamientos positivos como la generosidad, la empatía, la compasión, el altruismo, compañerismo, etcétera son catalizadores de paz profunda, estados de tranquilidad, armonía, alegría y equilibrio interior.
En el pasado distintas tradiciones se han acercado a su descripción y promoción, por ejemplo Platón les llamó virtudes cardinales, y en la tradición Budista los denominados paramitas, entre otros.

¿De todo lo anterior, cual vendría siendo la diferencia fundamental entre huella emocional o cicatriz y el sentimiento?
Que la primera es reacción y ésta es ciega. Su característica es revivir un episodio vivido en el pasado una y otra vez a nivel de las sensaciones mentales y corporales. La repetición sigue fortaleciendo esa huella emocional mientras no hayamos hecho contacto con ella desde la sabiduría y sentimiento, para sanarla.
Mientras no exista contacto con la raíz de esa cicatriz, ésta seguirá siendo fuente de sufrimiento. Un mecanismo equivocado de protección tuvo lugar en algún punto, en algún lugar y quedó así plasmado en el inconsciente.
Por otro lado, el sentimiento tiene la característica del equilibrio interior. Su cultivo profundiza en la paz y en la armonía. Profundiza en el bienestar propio y colectivo. Más de ello provee más bienestar. Además lo acompaña la sabiduría, el conocimiento profundo asociado, la comprensión vivencial.
Teniendo en cuenta estas diferencias, podemos ir categorizando y reconociendo aquello que nos hacer sentir mal y a su vez, aquello que nos reporta bienestar (y por ende, poder gradualmente cambiar desde la base, lo que predomina en nuestras mentes). La emoción es natural en todos nosotr@s y también el sentimiento. Trabajar, sanar, y enmendar la raíz de la huella emocional es la gran y noble tarea que podemos realizar todas y todos en esta aventura humana, y lo hacemos de la mano con el cultivo del sentimiento, de la virtud, de los actos conscientes saludables y de la sabiduría.
Es importante comprender que la llave central que nos permitirá auto realizar todo esto no es fija. Somos diversos, nuestras mentes tienen un sinnúmero de contenido almacenado y las vivencias que nos permitan ser cada vez más conscientes de nosotros mismos pueden variar bastante, especialmente con las “gatillantes” de éstas, que pueden ser experiencias puntuales externas que nos remueven internamente.
Sin embargo existen atajos, y sabios de antaño y actuales nos lo han dado de alguna forma. Buda por ejemplo nos legó el noble sendero óctuple. Entre los aspectos centrales de este sendero, se encuentra el cultivo de la atención plena de nuestra mente y sus contenidos y del cuerpo y sus sensaciones, con comprensión clara de su transitoriedad. A través de esta auto observación, gradualmente se va estableciendo una mayor consciencia y un desapego a las viejas reacciones. Mentalmente vamos siendo más libres de ataduras (viejos patrones, prejuicios), etcétera.
En adición a esto, se encuentra el cultivo de la mente, donde activamente sembramos pensamientos de bondad, buenos deseos, para nosotr@s y los demás. Al hacerse lo suficientemente fuertes, estos pensamientos comienzan a predominar y se transformarán en actos verbales y físicos.
El cultivo de la mente también involucra el análisis (auto observación), el perdón, la empatía, etc. Todo parte integral de ir entrando en contacto con la intimidad profunda de nuestro Ser, es decir, abrir las puertas del inconsciente y hacer de éste algo consciente, incorporar la sombra, aquello que hemos rehuido por ser doloroso, para sanarlo.
Gracias por leerme. Espero que este contenido continúe siendo de valor interior para ti.
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Aarón
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