Sobre la violencia
Reflexión a raíz de la guerra entre Israel y Hamas
A raíz de los recientes eventos en medio oriente, he querido compartir este ensayo a modo de reflexión sobre la violencia.
Todos tenemos violencia dentro nuestro, todas y todos somos, a ratos, violentos. ¿Y qué es la violencia?.
A mi modo de ver, es la energía destructiva, la cual somos capaces de efectuar. Como todo fenómeno manifestado, primero hay que comprender que la mente es lo primero. La energía destructiva primero tiene su raíz en la psique, a modo de ira, celos, rencor, odio, malevolencia, etc. Incluso a nivel más sutil, la violencia se expresa como molestia (si, de aquella típica molestia cotidiana), como impaciencia (si, ser impaciente significa perder el equilibrio interior, y querer bruscamente que se manifiesten nuestros deseos, sean éstos saludables o no).
La violencia es parte de la naturaleza (ver definición al final)1, es la energía antagónica a la armonía, a la paz. A través de la auto indagación, es posible auto observar que, la raíz de la violencia es la ignorancia, el desconocimiento de nosotros mismos, el desconocimiento de nuestras reacciones. Vivimos en mayor o menor medida reaccionando ante tal o cual estímulo, que es la respuesta a la identificación que acarreamos desde la niñez hasta el presente, a grandes rasgos, con aquello que nos inculcaron como bueno, o verdadero, y aquello que nos inculcaron como malo, reprochable, o aquello que tuvo un impacto psicológico-emocional específico, quedando registrado en el inconsciente como base para el desarrollo de nuestra personalidad, de gustos y disgustos.
Las raíces de este contenido mental y sus ramificaciones en base a esta identificación, y por lo tanto, lo que constituye nuestra identidad, pueden ser profundas, y difíciles de extirpar.
Esto es especialmente así en pueblos que han acarreado una identidad histórica, tales como los pueblos árabes y judíos; su historia esta repleta de conflictos, guerras, masacres, violencia, e identidad. Por generaciones han alimentado a través del discurso y la herencia una identidad férrea, que posiblemente este fuertemente marcado por factores incluso genéticos (epigenética).
La naturaleza nos da ejemplos de como sobreponernos ante el ciclo de violencia; un árbol puede manifestar millones de semillas que trae consigo las características de ese árbol. Digamos que es un frutal amargo. Éste árbol amargo necesita un suelo apto para prosperar, cuidados, etc. Teniendo esas condiciones, prospera y da sus frutos, de naturaleza amarga. Por el contrario, si no se le facilita esas condiciones, simplemente no puede multiplicarse.
De manera similar, tomemos un manzano o un durazno. Su naturaleza es dulce. También necesita las condiciones adecuadas de tierra fértil, luz solar, agua y cuidados. Teniendo esas condiciones, prospera.
Igualmente, el odio y la violencia necesitan tierra fértil para prosperar, cuidados, agua, etc. La tierra fértil es el traspaso y persistencia del discurso heredado del entorno del individuo, ya sea la familia, comunidad, cultura, educación, etc. Si ese entorno crea las condiciones para que el individuo crezca creyéndose superior a otro, que odie a otro ser humano, que menoscabe la integridad del otro ser humano, entonces estará creando las condiciones de violencia ya que estará sembrando violencia en forma de agresión verbal o física, de injusticia, negación, traspaso y abuso del espacio del otro y el no respeto a su integridad. Estos individuos cosecharán lo que siembran, y viceversa. Es un ciclo sin fin.
Por el contrario, si existen adultos capaces de enmendar su camino, de desarrollar autoconocimiento, de sanar, y transmitir valores de amor, bondad, generosidad, justicia, etc, entonces este adulto, y esta sociedad, estará preparando el suelo, las fundaciones necesarias saludables para crear una sociedad próspera y en paz. Sus fundamentos ya no serán reactivos, si no reflexivos. Ya no perseguirá la venganza, comprenderá las causas de su propia ira, de su propio discurso heredado, y comprenderá las vías necesarias para salir de el.
La educación es fundamental. La educación y transformación del adulto herido, que camine hacia una sanación personal y social, y que sea capaz de transmitir sus cambios positivos a su entorno, impactando especialmente en la niñez de la sociedad de la que es parte, eso es esencial.
Los horrores que los niños están viviendo producto de la guerra engendrarán adultos con un profundo resentimiento. Es menester avanzar hacia el sanar las heridas y éstas solo pueden comenzar a nivel social con justicia. Es imposible hablar de paz en un entorno de abuso y violencia. Ningún ser humano es más que otro. Precisamos avanzar hacia una educación profunda del ser humano y sus cualidades nobles, y para ello necesitamos un entorno seguro, justo y libre.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
Si te gustan estas publicaciones, puedes dejarme un cafecito
https://ko-fi.com/aaronsepulveda
¡¡¡Lo apreciaré mucho!!!
Es interesante indagar en los conceptos de la naturaleza de algunas tradiciones antiguas, y que es posible ir corroborando a través de la auto observación. La violencia es parte de la naturaleza de la mente, es posible su existencia, pero su raíz viene del desconocimiento de la unidad de la que todos somos parte. Esa unidad es indivisible, incluso hoy la ciencia lo admite mostrándonos que desde un átomo a las galaxias estanos unidos por enlaces de energía. Todo es energía. Sin embargo auto realizar esa unidad es otro tema. El libre albedrío, por el cual podemos realizar actos maravillosos o terribles, es parte necesaria en el lento proceso de despertar a esta unidad.


