Entre el velo de la expectativa, el lente del que dirán, el color de la vergüenza, el sonido de la reprobación, el sin sabor de la queja, y la incertidumbre de no encajar.
Todo ello, y más, no es más que la entidad externa de una mentalidad pre-existente, del prejuicio, de la proyección, de la multitud queriendo amoldar el mundo de acuerdo a sus propias luces y sombras.
Es el impacto, las sombras y huellas que quedaron impresas en nuestra psyque, de esa multitud de mensajes subliminales, constructos y mandatos, que limitan desde el inconsciente nuestro potencial de libertad.
Tú sigue tu camino, que la libertad no es un concepto, no es algo que se ajuste a las expectativas ajenas, mas bien, creo yo que tiene que ver con tener el corazón tranquilo; donde me visto como se me da la gana, donde cumplo mis logros diarios, esos pequeños grandes pasos sin dañar a nadie, y me dan alegría de vivir; donde el dibujo de aquello que me hace sentido, profundo sentido, se condice con la naturaleza y los resultados son algo positivo para la vida mísma.
Ver crecer esa planta desde su germinación hasta esa bella flor, amarilla, naranja, multicolor, variopinta, hermosa. Crece porque el entorno es apto, es favorable, y su potencial de hermosura puede florecer y embellecer el entorno, iluminarlo, enriquecerlo, hacerlo eternamente nuevo.
Que desde ese rinconcito de libertad tomada y hecha propia, la disperso como semilla bien cosechada, y la alegría de saber que podrá caer en otros campos donde bien pudiera ser bien recibida, y codearse con otras plantitas libres, que fueron capaces de expresar su potencial.
Creo quizás que por ahí va la cosa. Es una mezcla de esfuerzo, de profundo respeto, de consciencia del proceso, de amor.
Quizás por ahí va, el bosquejo de una libertad no definitiva, pero siempre en constante evolución, siempre una digna aspiración.
A principios de Julio del presente año 2025 ocurrió un suceso. Culminó el “tiempo reglamentario” que impone la plataforma de meta para borrar definitivamente Instagram. ¿Y cómo llegué a esto?; veamos un recuento y algunas reflexiones que te adelanto, tuvieron de agridulce y al final la desición fue… te lo cuento abajo al último.. jaja.
Hace un año casi exacto, el 3 de agosto del 2024, publiqué lo que fue la primera parte de esta “saga”, de por qué cerré Instagram. Entonces si, había cerrado mi cuenta personal en modo suspensión por aproximadamente 3 meses, y lo más relevante, había borrado mi cuenta pública la cual tuve activa por algunos años, y que creé cuando partió la pandemia, a modo de compartir contenido sobre meditación, espiritualidad y crecimiento interior. Las razones del cierre definitivo las explico en esa publicación (Que dejo a continuación por si no la has leído)
Y también profundizo en los pro y contras de un cierre temporal, en mi caso de mi cuenta personal.
Para el caso actual, me nace compartir que en efecto, re abrí mi cuenta personal después de esa ventana de 3 meses, es decir, la cuenta con la que solo compartía con gente que conocía, algunas amistades, y justamente mantenía una comunicación mas cercana con ellos/as dentro de lo que se podría denominar “cercano” dentro de estas plataformas. Una de las grandes críticas que he sostenido respecto a Instagram y plataformas similares es que son una “ilusión” de cercanía. Lo que hacemos en general es visualizar lo que otros comparten, sea en historias o publicaciones, y caemos en la mecánica de “los me gusta”, sin embargo en realidad no existe una comunicación o cercanía real. Estas plataformas desdibujan lo que es un interés genuino por el otro, y más bien nos alejan del contacto humano cercano, del contacto genuino que bien pudiera ser difícil en otras circunstancias, pero estoy convencido que la “cercanía” que entregan las redes sociales es una falacia de ésta, pues aunque compartas fotos, videos, o mensajes, muchas veces todo queda en “vistos”, y “corazones” vacíos, que no tienden un puente concreto, no así como una mirada honesta, un abrazo, o una escucha activa en donde no es solo texto, o foto, si no donde escuchamos con todos los sentidos, y el o la otra nos habla con todos sus sentidos, en presencialidad compartida.
Entonces, también pudiéramos enumerar cosas buenas de estas plataformas, pero para mí representan algo más negativo que positivo. Como decía, son una ilusión de cercanía; mezclan esa necesidad de contacto social con la explotación de nuestra atención mediante el refuerzo intermitente de nuestros intereses, imponiéndonos contenido no solicitado interminable; nos crean una ilusión de valorización social, por medio de interacciones anónimas, detrás de algoritmos que operan como verdaderas dictaduras que nos mantienen en una ilusión de elección.
La mecánica de cómo operan estas plataformas para mi son algo insidioso y perverso, pues mezclan nuestras genuinas necesidades humanas de cercanía y valoración con una explotación obscena de nuestra atención y una falsa aprobación social, y una virtualización de la cercanía en función de lo que un algoritmo dicte. Y con el paso del tiempo esta mecánica se ha profundizado a niveles preocupantes, enfermizos. Para mi, los pros quedaban cortos comparativamente con los contras, y en esa consideración decidí después de varios pausas y vueltas, también eliminar mi cuenta privada de Instagram.
Hasta ahora a modo de conclusión te comparto que;
Siento un alivio. Mi cerebro ya no siente esa necesidad de tomar el celular y mirar el feed de las rrss. No al menos como antes. Si bien nunca fui ávido en esto, reconozco que muchísimas veces me veía de manera inconsciente tomando y mirando el celular. Ahora es como haber soltado las cadenas que secuestraban una parte de mi atención la cual volvía una y otra vez a mirar el aparatito llamado celular. Ya no.
Disminuyó considerablemente mi tiempo en pantalla. Es impresionante el tiempo que estas plataformas consumen. Nuestro tiempo de VIDA, tiempo que no volverá. Que no te engañen pretendiendo ofrecerte información “útil” sin fin. Ésta la puedes conseguir en formatos amigables con tu atención desde otras fuentes, y estarás libre de esa “necesidad” de scrollear.
No te perderás de tus amistades o cercanos. Algo que sostengo desde hace tiempo es que aquellos que realmente quieren saber de ti, estar contigo, te buscarán, y viceversa. Existen múltiples maneras que no necesitan de una “red social” ilusoria para estar cerca y saber de los unos a los otros. Partiendo por el contacto real, el estar en compañía, mirarnos a los ojos, compartirnos en presencia. Es lo más nutritivo, aún lo es. También escribirnos por mensajería, llamarnos por videollamada, etc. Siempre es posible enviarnos un mensajito, un audio, un video, una llamada que demuestre un interés real, directo, sin la ilusión del “like”, del buscar pantalla, etc, solo el saber genuino de la otra persona, donde el amor, el cariño, reinan.
Haber eliminado mis redes sociales, para mí, fue un desafío y un aprendizaje. Un desafío porque éstas son hoy en día omnipresentes. Se ha creado una “necesidad” de tener esa presencia digital, y si no, como si valieras menos. Esto no puede ser más equivoco. Como ser humano, eres Muy valioso/a y eso no depende de la ilusión de tal o cual perfil de “red social”.
Y ha sido un aprendizaje, porque me he visto sortear varias vallas, obstáculos, dudas, para llegar al punto de decir —No más—.
¿Y te digo algo con total sinceridad?
Ha sido la mejor elección.
Cuéntame tu sentir sobre este tema. ¿Resuenas de alguna manera?. ¿Que son para ti las rrss?, ¿cómo te hacen sentir?.
Que en estos tiempos de exceso de información, apariencias e incertidumbres, encuentres la certeza interior, la información justa y veraz, y todo lo que sea genuino.
Una reflexión que he ido madurando durante algunas semanas es esta pregunta y su implicancia en nuestras vidas, porque ¿Que es lo mejor que hay en nosotros, y que vale la pena mirar, valorar y potenciar?
La relevancia de esta pregunta radica en que, y partiendo desde mi propia experiencia, a veces solemos darle una importancia inmerecida a los aspectos negativos de nosotros mismos. Aquellos aspectos que nos hacen sentir culpa, rabia, pena, rechazo, desanimo, y otras emociones y sentimientos que en definitiva nos empujan hacia una espiral de desvalorización personal que es perjudicial.
A veces pienso que también esta excesiva atención a nuestros aspectos más lúgubres viene de la mano del entorno que en mayor o menor medida nos vemos expuestos; las redes sociales y su presunción totalmente fuera de la realidad, un espectáculo, un show de caretas falsas de ilimitada disponibilidad, y además, un espacio que da cabida a lo peor que hay en las personas, en la sección comentarios, cual inodoro público donde quienes no desean hacerse responsables de sus palabras, vuelcan su oscuridad gratuitamente a fuerza de tecleo en su celular.
Puede que esta tendencia sea influenciada por las noticias que perdieron la noción hace mucho tiempo de lo que significa mostrar algo “positivo”.
Puede que la causa sea haber sido criticados o desvalorados en una edad en donde no teníamos capacidad de filtrar esa negatividad, y la aceptamos como una verdad incuestionable.
Puede que sea un tanto de una u otra. Lo cierto es que ocurre, y sin embargo, aunque la causa sea diversa, ninguno de nosotros estamos exentos de ponerle atención a los aspectos que rechazamos o que no estamos contentos con nosotros mismos de una manera que no es equilibrada, ya que no se trata de volcar nuestra atención a su antónimo, es decir, a lo mejor que hay en nosotros, haciendo vista gorda a todo lo demás. El hecho es que somos la totalidad de nuestras emociones, sentimientos, pensamientos y complejidad, la cual en sus intrincadas conexiones, coherencias, incoherencias, y demás, constituyen el ser humano actual que somos.
Puerto Guadal. Foto por Aarón Sepúlveda
Ahora lo que es importante sostener como un mantra
Podemos elegir, con consciencia, y voluntad, que aspectos nutrir y valorar. Es decir:
Podemos elegir, que aspectos deseamos que sobresalgan, que aspectos valoramos y deseamos que prevalezcan, por sobre todo lo demás.
Esto equilibra y pone de manifiesto el hecho que no rechazamos quienes somos en nuestra complejidad psicoemocional; somos conscientes que hay aspectos que consideramos negativos en nuestro fuero interior, y deseamos cambiar para mejor; somos conscientes que estos cambios no son de la noche a la mañana; somos conscientes un poco más cada día, que los cambios son posibles y podemos hacerlos posible mediante la voluntad y esfuerzo, mediante el cultivo de la virtud, que a modo de contrapeso, nos eleva a constituirnos hacia ese ser humano que deseamos reflejar, que posee cualidades que son loables y nos sentimos orgullosos, contentos, de que estas características positivas existan en nosotros y se muestren con mayor brillo.
El foco es fundamental para revolucionar la prioridad de lo que nos constituye pues la auto imagen se nutre de lo que la atención absorbe y filtra. Una atención que se concentre en nuestros valores, logros, nos permitirá, un paso a la vez, a abrirnos a lo que es posible, y abrir aún más ese horizonte de posibilidades.
El foco nos abre a valorarnos pues nuestra atención ahora no se encontrará secuestrada por el pesimismo y el auto odio. Ahora damos cabida a algo más que el rechazo o pesimismo, damos cabida a que somos merecedores de cosas buenas, que nos ocurran cosas buenas, a que tenemos cosas buenas dentro nuestro que vale la pena poner atención y seguir cultivando, y también, que vale la pena compartir. Y en ese compartir SIEMPRE habrá alguien que pueda servirle y ayudarle eso que tengas para entregar. En la escalera y confluencia de caminos, todos estamos transitando, y los logros tuyos, mios y de los demás, son un aporte de mutua ayuda y beneficio.
No importa en que aspecto del camino de la vida, en que lugar te encuentres en estos momentos. Algo bueno tienes, algo positivo hay en tí, y probablemente no sea meramente un “algo”, más bien es posible que sea tu ESENCIA, que pide sobresalir y clama por brillar, lo único que hacía falta era re orientar el foco, hacía esos aspectos de tu ser que son un faro, una estrella brillante y de única luz y características, un faro y una luz que en el entramado del mundo, se hace urgente digno revelar.
Y entonces, ¿Que es lo mejor que hay en ti?.
Que sea eso, lo que a modo de faro y dirección, determine tu camino.
Gracias por llegar hasta aquí.
Como siempre, valoro mucho cualquier interacción que desees dejar en esta publicación, pues me ayudará a que el algoritmo amplíe su visibilidad. Y si crees vale la pena compartir este contenido, yo feliz.
PD: Todas mis publicaciones (que son más de cincuenta en esta plataforma), incluyendo ésta, han sido escritas sin la ayuda de la IA. Las nuevas tecnologías, como todo, tienen luces y sombras. Yo elijo mantenerme humano, escribiendo aquello que me hace sentido y siento pueda ser un aporte, desde mi puño y letra, y experiencias, y espero continuar así de manera indefinida.
Mostrarnos vulnerables puede ser en muchas ocasiones un reto, un desafío enorme, en donde muchas veces quien gana es la desconfianza y el guardarnos a nosotros mismos, evitando expresarnos con nuestros rincones expuestos; porque en definitiva, decidir mostrar nuestra vulnerabilidad implica ser valientes y en cierta medida, tener una visión un poco optimista de nuestro entorno, pues éste influye mucho en la decisión de lo que mostramos, o no. Sin embargo, la vulnerabilidad hacia afuera es un aspecto. Otro muy importante y primero en relevancia diría, es mostrarnos a nosotros mismos, vernos a nosotros mismos vulnerables, es decir, abrir esa cascara, sacarnos esa mascara de auto imagen, y apreciarnos tal como somos, con nuestras luces y sombras, y hacer eso también puede ser incluso aterrador.
¿Cuantas veces nos permitimos ser vulnerables?
Esta es una pregunta que quizás te has hecho en algún momento. Yo me la he hecho en alguna ocasión y la verdad es que a medida que pasa el tiempo he aprendido a abrirme a la vulnerabilidad desde una aceptación personal, es decir, abrirme a lo que soy en mis diferentes aspectos y estados de ser, sentir y pensar, y valorarme (imperfectamente) tal como soy. Por otro lado he ido aprendiendo poco a poco a abrirme más con quienes sé no me juzgaran y me quieren tal como soy. Sin embargo llegar a este presente no ha sido un “paseo por el parque”, ha sido un transitar por el “valle de la oscuridad” durante repetidas veces, porque no es fácil, y me aventuro a decir, para nadie, ver su yo desnudo, carente de las máscaras que nos imponemos a nosotros mismos, o máscaras hechas a la medida de la sociedad.
El fantasma sofocante del qué dirán
En pos de aspirar una tranquilidad interior o una eventual paz, cosa que aún es un trabajo en proceso con hartos tropiezos, y con una respuesta inconclusa, y sin embargo, en mi transitar humano he ido rozando, rasguñando, vestigios a una posible respuesta a esta auto realización, la cual es; no dejarse influenciar por el qué dirán (o al menos, deseablemente disminuir su importancia de manera considerable).
En mi experiencia, esto ha sido de absoluta relevancia en sentirme mejor conmigo mismo. Porque aunque lo hayamos leído quizás muchas veces, una cosa es leerlo, u oírlo, y otra cosa es con guitarra, practicarlo. El pinchazo del ego cuando se siente herido porque la imagen que proyectamos no ha sido como esperábamos, duele. Esta ilusión de querer caer bien, que los demás nos quieran, se siente como algo elemental, básico. Como un sentir primordial, en un sentido de que esta incrustado en lo más profundo de nuestra psique, enraizado en esos rincones de nosotros mismos que no queremos ver, que huimos como si fuera la plaga.
Una herida profundamente inconsciente, y sin embargo de tentáculos largos y omnipresentes, que influencia nuestro comportamiento de una manera omniabarcante, y que no solemos ver o entender hasta que comenzamos a tener atisbos de este pulpo agobiante, lo que no quiere decir que éste desaparezca, más bien, comienza una aventura de autoconocimiento que en muchos casos es dolorosa. Creo que el mejor ejemplo de éste proceso es el tener una herida infectada. Duele y clama que la sanemos. No queremos tocarla porque duele, pero llega un punto en donde no tenemos de otra; necesitamos tratarla para que ésta vaya sanando poco a poco. Debemos comenzar por abrir esta herida y purgar el pus lo que es la parte más desagradable, y sin embargo, mezclado con ese dolor, viene un alivio. Hemos tocado la herida, ya se ha abierto y ahora debemos cuidarla, ponerle desinfectante, vendas, etc. En muchas ocasiones, es sabio y oportuno pedir ayuda. Una “enfermera” o un “doctor” que sepa como se hace para que nos apoye en el proceso. No es distinto este ejemplo al hecho de tocar las heridas de la mente que tienen su raíz en el desconocimiento de nosotros mismos, del daño acumulado por heridas olvidadas, o recordadas con pesar como algo que nos toca como si hubiese sido en aquel instante de nuestro pasado.
Las murallas y murallas del monumento de nuestra personalidad y ego que hemos puesto como una fortaleza formidable, o como las capas de una cebolla, que una bajo la otra hacen de llegar al núcleo una odisea digna de Homero, de la Ilíada.
Isla Navarino, Región de Magallanes. Al fondo el canal Beagle y Tierra del Fuego. Foto por Aarón Sepúlveda.
El lado B de mostrarnos vulnerables
Ser vulnerables entonces es algo complejo y sin embargo Muy necesario. Aunque aquí cabe poner atención a otro aspecto de la vulnerabilidad y es que, aunque podamos serlo con nosotros mismos, o lleguemos a tener la bendición de serlo con algunas selectas personas dignas de nuestra confianza, es difícil serlo de manera más abierta y me atrevería a decir, no aconsejable, si es que no estamos preparados para el látigo de esos seres humanos aún profundamente heridos y ciegos a ello, que en su dolor, desprecian y atacan la vulnerabilidad con burla, desdén, u otro sentimiento tóxico. A veces lo hacen de manera verbal, o de obra, o muchas veces detrás del anonimato que entrega internet, es decir, más encima son cobardes. En otras facetas, podrán guardarse su veneno pero este se refleja en su mirada, pues el cuerpo refleja bien lo que el alma tiene en predominancia.
Esto no quiere decir que estos seres humanos no sean capaces de entregar algo bueno, quiere decir que son personas Muy heridas, que aquellos aspectos buenos están bloqueados, oscurecidos, sepultados detrás de un odio, desidia, desdén, o un regocijo insano por la desgracia ajena. Desgraciados son quienes así sienten, y lo digo desde un sentir de compasión, porque nadie que así sienta puede ser feliz, aunque en apariencia demuestre otra cosa.
Es menester estar atentos, y si vemos que en algún momento nos cruzamos con este tipo de individuos, es mejor evitarlos. Es menester discernir y elegir, y cultivar aquellas relaciones con personas de buen corazón, que nos deseen el bien.
Lago en Isla Navarino. Foto por Aaron Sepulveda
¿Y como gestionar la vulnerabilidad?
No hay receta universal, pero sí acercamientos que quizás nos ayuden puntualmente, y en diferentes momentos de nuestro proceso.
A mi me ha ayudado a abrirme y a verme tal como soy a través de la meditación. Ésta ha sido una herramienta fundamental de autoconocimiento, y me ha permitido entrar en contacto con mis heridas. Pero no solo eso. Me ha proporcionado una herramienta para gestionarla, porque no basta solo abrir una herida, precisamos tratarla. Con la meditación, varios ángulos de acción se abren para este tratamiento. Uno es la capacidad de dirigir la atención con consciencia; ya no estamos al vaivén del oleaje en la tormenta, ahora poseemos un ancla que nos sostiene; esta ancla es la atención en la respiración que siempre nos acompaña y nos permite sostener la consciencia en el aquí y el ahora. Muchos pensamientos y sentimientos surgen como parte del proceso de sanar y la atención en la respiración nos sostiene y afirma para ver con claridad la esencia transitoria de estos pensamientos y sentimientos. Esto es profundamente revelador y profundamente sanador. Mientras más uno practique, en un sentido de continuidad diaria, mejor.
Además, la meditación me ha permitido entrar en contacto con mi corporeidad, es decir, con mi cuerpo y sus sensaciones. No he cesado en asombrarme en cuanto uno ignora de si mismo porque nuestra mente permanece durante la mayoría del tiempo en agitación, en distracción, y por ende, en un estado burdo y superficial. La meditación entrega un sosiego y una agudeza que permite sentir más, pero de la mano con algo muy importante, que es la ecuanimidad o equilibrio sustentado en la visión de lo transitorio de las emociones y pensamientos que antes solía identificarme con ahínco. Ahora comprendo desde la experiencia que todo es pasajero y que he ido construyendo una edificación de defensa ante las heridas para no sentirlas, en desconocimiento de que estas no se van, más bien crecen y se robustecen con cada muralla que uno construye en la psique. La meditación permite de a poco deconstruir esas murallas y aprender de esos constructos, a su vez que uno construye un pilar que nos sostiene. Esto suena milagroso pero es autoconocimiento, introspección y conocimiento experiencial de uno mismo. Es importante mencionar que todo esto no es instantáneo, al menos en mi experiencia personal, más bien ha sido un proceso gradual y en desarrollo, porque no tengo nada resuelto, con la salvedad de que esta herramienta ha sido y es un pilar fundamental en mi bienestar profundo.
Existen otras herramientas para gestionar la vulnerabilidad. Para mí por ejemplo ha sido contar con unas pocas personas con quien me siento en plena confianza de mostrarme tal como soy. A algunas personas les ha servido ir a Terapia, o practicar otras disciplinas que les ayudan a revelar esa vulnerabilidad en sí mismos. ¿Quizás tu cuentes con experiencias valiosas que desees compartir?.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
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Remanso caminar, las olas acarician mis manos y mi rostro lavar.
El cuerpo tiene su propio pasar, y solo sé que el cansancio exige reposar.
Mi corazón volvió a sentir tu mirar. Treta nueva, vieja herida he de auto realizar.
La sensación es antigua y mi memoria recuerda su transitar, entre montes y valles de sangre, piel y pesar.
Cuan amargo es caer en la espiral de aquella atracción tenaz; subyuga el sentimiento y somete la atención a su brújula perspicaz.
Algunos eligen permanecer locos, de esos que son osados. Pocos se aventuran a encarnar el sentimiento y hacerlo gestar en este mundo desde el obrar, desde la palabra cordial, desde la acción incierta, hacia un abismo de desgarro sufrimiento, o hacia un cielo de éxtasis y arrobamiento.
Pues ser osado es lanzarse a lo desconocido, sabiendo solo que te lanzaste, y lo demás que el destino elija sus cartas, pues tu ya has elegido las tuyas.
Puerto Guadal, Patagonia. Foto por Aarón Sepúlveda